Los principales factores de riesgo incluyen la edad, la duración de la diabetes mellitus y su grado de control, la
hipertensión arterial y el exceso de
colesterol en la sangre.
La duración de la diabetes es probablemente el factor predictor más potente para el desarrollo y la progresión de la retinopatía. El grado de
control del azúcar en la sangre ha sido implicado en numerosos estudios científicos como uno de los principales factores; determinados estudios en los que se empleó un tratamiento intensivo de la diabetes con insulina mostraron una reducción muy importante del riesgo de retinopatía.
El efecto protector del buen control del azúcar también se ha confirmado en pacientes con diabetes de tipo 2. Un importante estudio llevado a cabo en el Reino Unido hace ahora 6 años demostró que una mejoría en el control del azúcar sanguíneo reducía el riesgo de desarrollo de retinopatía y de nefropatía (afectación del riñón), y posiblemente la neuropatía (afectación de los nervios). La tasa global de complicaciones de los pequeños vasos sanguíneos se redujo el 25% en pacientes que recibieron tratamiento intensivo frente a los que recibieron tratamiento convencional.
Dicho importante estudio también demostró que un control estrecho de la presión arterial de este tipo de pacientes diabéticos redujo la progresión de la retinopatía y el riesgo de deterioro de la agudeza visual, además de reducir las muertes relacionadas con la diabetes y los accidentes vasculares cerebrales.