Cuando un niño enferma sería interesante que los padres “prepararan” a su hijo para la visita al centro de salud o al
hospital, explicándoles de manera sencilla y adecuada a su edad lo que va a suceder: que como está malito deben visitar a un médico y/o enfermera que tratará de ayudarle a ponerse bueno. Actualmente la inmensa mayoría de los niños enfermos son tratados como pacientes ambulatorios y sólo un pequeño porcentaje (los enfermos graves) debe ingresar en el hospital para su diagnóstico, tratamiento y recuperación. En ningún caso será apropiado convencer al niño con falsedades o mentiras para que acuda al médico con sus padres. La falta de sinceridad es algo que el niño reconoce rápidamente y engañarle supone un abuso de confianza que, en último término, sólo sirve para alejarlo y que pierda su confianza en nosotros.
Cuando acuda a la consulta del médico, el niño enfermo probablemente encuentre una sala de espera adaptada para niños con algunos juegos o entretenimientos, especialmente si se trata de la consulta de un hospital infantil cuyo entorno está orientado en este sentido.
El médico y la enfermera obtendrán la información de los síntomas y problemas del niño básicamente a través de los padres (los niños mayores también pueden expresar sus síntomas, pero no así lo más pequeños). En las consultas pediátricas la comunicación adopta una forma triangular involucrando al médico, al niño y a los padres, cada uno de los cuales proporciona y recibe información y observa y es observado.
A menudo los padres mostrarán confianza en el médico si éste se muestra verdaderamente interesado, relajado y parece disponer de todo el tiempo del mundo para atender a su hijo. Aunque el paciente es el niño, la madre es la persona clave. Es la persona que probablemente mejor conoce al niño y éste la ve de una forma especial. De hecho, en el caso de niños
lactantes, la madre y el bebé forman una unidad biológica.
Un médico observador y sensible podrá captar las emociones y preocupaciones de los padres de un niño enfermo y proporcionarles alivio y tranquilidad, o al menos comprensión y empatía.
Los padres del niño enfermo en realidad desean saber por qué está enfermo su hijo y cúal es el tratamiento más apropiado para que se recupere cuanto antes. Como muchos padres se sienten de forma irracional culpables de la enfermedad de su hijo, el médico que detecte este problema a menudo tendrá que convencerles de que no es así.
En temas delicados o cuando los padres soliciten información que el niño no deba escuchar, será adecuado que el niño salga del despacho acompañado de la enfermera para que los adultos puedan hablar tranquilamente.
La mayoría de padres y madres nunca han oído hablar de muchas enfermedades frecuentes, por lo que deben preguntar sin ningún tipo de vergüenza para que el médico les explique de forma sencilla en qué consiste el problema de salud de su hijo. Por otra parte, tienen el derecho legal y ético de ser informados constantemente acerca de la evolución de la enfermedad de su hijo y sobre las ventajas y los riesgos que conlleva un determinado tratamiento. Deben participar activamente en los cuidados del enfermo y en la toma de decisiones.