El deporte retrasa el envejecimiento



El objetivo básico de la medicina antienvejecimiento es añadir más vida a los años y no más años a la vida. En este sentido, el deporte se ha consolidado como el método más efectivo para mejorar nuestro estado físico y ralentizar el irremisible deterioro derivado por la edad.

Nuestro organismo alcanza su plenitud al final de la adolescencia. A partir de entonces empieza a declinar, pero está en nuestra mano que este descenso se produzca lentamente y no en picado. Las funciones vitales que se deterioran más rápidamente son, precisamente, aquellas en las que mejor se observa el efecto beneficioso del deporte.

Para conseguir el máximo partido de un programa de ejercicio físico, éste debe adaptarse a las características de cada persona. Los resultados serán efectivos siempre y cuando se mantenga una continuidad en el tiempo. La recomendación mínima suele ser una hora de ejercicio aeróbico -correr, nadar, bicicleta, etc.- tres veces a la semana.

Hay estudios que demuestran que la baja capacidad aeróbica se puede equiparar a la edad como un factor de riesgo de enfermedad. Según algunos expertos, podría ser incluso más importante que el colesterol elevado o la hipertensión arterial.

Es importante complementar los ejercicios aeróbicos con otros de fuerza. Aumentar la masa muscular facilita el desarrollo de las tareas cotidianas con mayor comodidad y autonomía. También contribuye a evitar las caídas, uno de los riesgos más temidos por las personas mayores.

Los beneficios serán mucho más positivos cuanto antes comencemos la actividad física. En cualquier caso, nunca es tarde para empezar a hacer deporte, ya que existen unas pautas indicadas para cada edad.

El ejercicio físico hace trabajar el 90 por ciento de nuestros órganos y sistemas. Las articulaciones que no se usan terminan por atrofiarse y aquellas de las que se abusa acaban por agotarse. Para lograr un equilibrio saludable no es obligatorio someterse a un estricto programa de entrenamiento. Tareas tan sencillas como dar un paseo diario, realizar actividades domésticas o bajar a pie las escaleras, pueden ayudarnos a sacar el mejor partido de nuestro cuerpo.

Pero no sólo con ejercicio se mantiene sano nuestro organismo. También debemos controlar nuestra dieta y evitar aquellos hábitos que pongan en peligro nuestra calidad de vida: tabaco, alcohol, estrés, etc.



 








 
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