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Proteger los dientes
El
sentido común ha llevado a muchos dentistas, médicos deportivos
y entrenadores a recomendar a los atletas protectores bucales de plástico
para que sus dientes estén resguardados de las incidencias bruscas
del juego. Durante mucho tiempo esta recomendación se limitó
a deportes de contacto, como el boxeo o el rugby, pero un estudio realizado
por la Universidad de Carolina del Norte amplió el consejo a
otras disciplinas consideradas menos peligrosas.
Los investigadores trabajaron con 50 equipos de baloncesto de Estados
Unidos durante toda una temporada. El resultado fue que un 86 por ciento
de los jugadores habían sufrido algún tipo de daño
en la boca, dientes y lengua. El estudio demostró que no llevar
protectores aumentaba hasta en cinco veces el riesgo de padecer lesiones
dentales. Estas conclusiones son extensibles a otros deportes como el
balonmano o el waterpolo.
Aunque se producen muchos más traumatismos en los deportes de
equipo, los que revisten más gravedad acontecen en las competiciones
individuales de actividades como el esquí o el ciclismo. Por
otro lado, la incidencia durante las competiciones supera a la de los
entrenamientos. Pero hay una excepción: la gimnasia, actividad
en la que durante el tiempo de preparación se hace un mayor esfuerzo.
Los daños dentales, además, pueden ser permanentes y
causar deformaciones. Estos dispositivos de eficacia contrastada previenen
un gasto de dinero nada desdeñable, dado el alto coste de cada
diente que debe ser remplazado y sus sucesivos arreglos a lo largo de
toda la vida de la persona.
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