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salud mental y ejercicio físico
El
tratamiento de las patologías cardíacas encuentra un buen
aliado en el ejercicio físico programado y vigilado por especialistas.
A los efectos positivos que la actividad deportiva reporta a nuestro
organismo, podemos unir también los notables beneficios psicológicos
que el paciente experimenta cuando se somete a un ejercicio moderado
y placentero. En principio, la influencia del ejercicio físico
sobre el estado emocional es menos demostrable que sus efectos sobre
el sistema cardiovascular o la presión arterial. Sin embargo,
algunos estudios han certificado que la actividad física aporta
más resistencia y vitalidad, al tiempo que contribuye a mejorar
otros aspectos, como la ansiedad, el estrés, la tendencia a la
depresión, la fatiga o el cansancio.
Las situaciones de estrés suelen ir acompañadas de respuestas
de tipo bioquímico y metabólico asociadas al estado mental
del individuo. Se estima que las personas agresivas padecen las consecuencias
de una descarga hormonal más intensa, que incide negativamente
sobre la dinámica cardíaca y favorece la aparición
de lesiones ateromatosas. Experimentos e investigaciones clínicas
han confirmado que el estrés mental, el miedo, la ansiedad o
la excitación se traducen en mayor demanda de oxígeno
por parte del miocardio, con el riesgo de provocar una situación
de insuficiencia coronaria.
Los pacientes físicamente activos presentan mejores respuestas
ante las situaciones estresantes, ya que recuperan los valores normales
de frecuencia cardíaca con más facilidad que los individuos
sedentarios. Además de esta evidencia científica, el Informe
General sobre Salud Pública y Actividad Física, fechado
en 1996 en Estados Unidos, demostró que las personas que practican
ejercicio físico periódicamente tienen una mejor salud
mental. Según este estudio, los individuos físicamente
activos tienen un concepto más alto de sí mismos, mayor
autoestima y mejor sentido del humor.
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