Cardiopatía isquémica
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Los pacientes con
cardiopatía isquémica no son un grupo homogéneo
que han sufrido la misma enfermedad: pueden ser personas que han
tenido un infarto, una angina de pecho o que se han sometido a una
cirugía de revascularización (como angioplastia, by-pass,
stent
); además de tener en cuenta si hay factores de
riesgo asociados como hipertensión o diabetes. Según
ese criterio: |
Pacientes que han sufrido un infarto
Se consideran de alto riesgo aquellos con menos de seis meses
de evolución y que tienen arritmias graves, isquemia o caída
de tensión arterial con el esfuerzo.
Tienen riesgo moderado quienes han tenido un infarto hace menos
de seis meses (y durante el cual sufrieron insuficiencia cardiaca) o
quienes presentan angina de pecho durante la prueba de esfuerzo.
Estos dos grupos deben ser controlados por un cardiólogo
y hacerse evaluaciones periódicamente.
Presentan riesgo bajo los que han tenido un infarto no complicado
o han sido sometidos a un by-pass (sin aparición de arritmias
ni angina de pecho en la prueba de esfuerzo).
Este grupo es el más adecuado para comenzar un programa
de entrenamiento físico para mejorar su capacidad de esfuerzo.
Los pacientes que han sufrido una angina de pecho o se han sometido
a una angioplastia (con o sin infarto previo) pueden obtener beneficios
con el ejercicio. Este debe ser dinámico, de tipo aeróbico
y con una intensidad ligera o moderada (para conseguir los objetivos
pero no llegar al agotamiento). Los más indicados son caminar,
correr, nadar o montar en bicicleta de forma no competitiva.
Los beneficios del aumento de la actividad física se hacen
evidentes a las ocho de semanas de comenzar y se mantienen mientras
se sostiene el mismo nivel de esfuerzo. Si se interrumpe, sus beneficios
se pierden en unos tres meses. De ahí la importancia de concienciar
al paciente de la necesidad de convertir el ejercicio en una práctica
habitual y regular en su vida.
Consejos
En los pacientes con más edad o algún problema de peso
puede estar indicada la bicicleta estática.
En líneas generales, también se puede practicar el senderismo
(si no se superan los mil metro de altitud en el primer año tras
el infarto), el tenis y los ejercicios en el agua.
En el caso de los pacientes que llevan una vida sedentaria, se puede
empezar caminando de cinco a diez minutos (dos veces al día)
e ir aumentando la duración, frecuencia e intensidad.
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