Hielo para las lesiones

Una de las primeras medidas que se suelen tomar para evitar inflamaciones después de haber sufrido una lesión es aplicar hielo en el área que ha sufrido la contusión. Si lo hacemos tan pronto como sea posible conseguiremos rebajar la inflamación. Este efecto se debe a una acción refleja que estrecha los vasos sanguíneos que aportan sangre a la zona, motivo por el cual se produce una disminución del flujo hemático.

Lo que mucha gente desconoce es que este remedio sólo es conveniente en algunos casos, ya que su uso incorrecto puede provocar efectos muy contraproducentes:

- No hay que mantener en contacto el hielo con la piel ni aplicarlo más tiempo del recomendado (unos 10 minutos). Si lo hacemos, el organismo puede reaccionar dilatando los vasos sanguíneos de la zona e incrementando el aporte de sangre para calentar el tejido frío y evitar la muerte celular. Este proceso provocaría una mayor filtración de sangre en el espacio entre las células y aumentaría la inflamación.

- Poner el hielo directamente sobre la piel puede causar congelaciones y quemar la superficie dérmica. Lo mejor es envolverlo en un paño mojado (el seco no es tan eficaz para transmitir el frío).

- Algunas personas son muy sensibles a la aplicación de frío local y experimentan un gran dolor con el contacto del hielo sobre la piel.

- El empleo de hielo en lesiones de la región torácica está totalmente contraindicado porque puede limitar el flujo de sangre que llega al corazón.

- Sentir adormecida la zona afectada puede ser un primer síntoma indicativo de un pinzamiento nervioso. En esta situaciones, la insensibilidad provocada por el hielo sólo sirve para ocultar el problema y retrasar su diagnóstico.



 









 
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