El deporte en los trasplantados

Para los trasplantados el deporte es incluso más beneficioso que para las personas que no han recibido un órgano. El trasplantado debe tomar medicación para evitar el rechazo -esteroides, ciclosporina, tacrolimus, rapamicina, etc-, sustancias que pueden provocar hiperglicemia, hipercolesterolemia, hipertensión arterial y pérdida de masa ósea. Realizar ejercicio físico ayuda a controlar las glucemias, disminuye el colesterol, controla la tensión arterial y estimula el calcio de los huesos.

El médico tiene que asesorar al recién trasplantado antes de emprender la práctica deportiva. Es necesario analizar cada caso concreto, ya que puede haber problemas de rechazo crónico, contracción de los vasos sanguíneos y riesgo de infarto.

Cuando se hace deporte y se tiene un corazón sano hay una respuesta nerviosa que comunica al corazón la necesidad de bombear más sangre. En un trasplantado no se produce esta reacción, sino que se sustituye por información hormonal mediante las catecolaminas. Durante las primeras semanas de entrenamiento, un trasplantado debe contar con seguimiento médico que confirme que la respuesta del órgano ante la actividad física es suficiente.

Además de los beneficios estrictamente físicos, los trasplantados que hacen deporte mejoran psíquicamente porque comprueban que pueden recuperar parte de sus actividades cotidianas. Se trata de enfermos que llevan años de encamamiento, pero que, de repente, notan que se encuentran bien y que pueden comenzar a hacer muchas cosas que antes ni se imaginaban. Esto genera una satisfacción interna que supera la frustración de la espera del órgano.






 


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