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EL ESPECIALISTA RECOMIENDA
Antes de iniciar un programa de actividad física, la persona
debe tener en cuenta que el corazón es, en la mayor parte de
los deportes, el músculo que más se entrena. Por ello,
en todas las edades, es conveniente saber cual es la situación
física previa del individuo. Sin embargo, a partir de cierta
edad que se podría fijar en los 45 años para los varones
y los 50 para las mujeres, la revisión cardiovascular es casi
preceptiva.
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No hay que olvidar que, en algunas
ocasiones, los cardiólogos encontramos alteraciones o enfermedades
que desaconsejan la práctica deportiva (o al menos que se
realice con ciertas precauciones) en personas jóvenes, aunque
se piense que a esas edades el corazón y los grandes vasos
son órganos fuertes y capaces de dar lo mejor de sus posibilidades.
Se trata de situaciones poco frecuentes, pero cuando ocurren, se
deben tomar muy en serio. |
Por otra parte, es preciso que el futuro deportista conozca sus limitaciones
y las ventajas y los riesgos que cada tipo concreto de actividad física
conlleva. Es necesario conocer a fondo cada deporte y no sólo
valorar si es atractivo o divertido, sino también si es el adecuado
a la situación física y cardiaca de cada individuo.
Lo habitual entre los más jóvenes es que la iniciación
al deporte se haya producido en la edad escolar y que, en ese espacio
de tiempo, haya sido sometido a revisiones médicas escolares
en las que es posible detectar anomalías cardiacas si las hubiera.
En algunas ocasiones son simples hallazgos sin importancia y, en otras,
son catalogadas como enfermedades cardiacas (siempre bajo la premisa
de que buena parte de esas anomalías suelen no tener síntomas).
De hecho, muchos de los casos diagnosticados de enfermedades cardiacas
se hacen en jóvenes deportistas de cierto nivel, quizá
porque es una población que se revisa o se cuida médicamente
con mayor asiduidad.
A pesar de esa circunstancia, los estudios revelan que la mayor cantidad
de diagnósticos de cardiopatía (enfermedad del corazón)
se efectúa en personas de edad media y madura. Por ello, entre
los 35 y los 55 años, es de vital importancia sospechar la existencia
de una patología y detectarla antes iniciar una actividad deportiva:
si bien en la vida diaria puede no mostrar síntomas, la enfermedad
puede manifestarse al someter al organismo al esfuerzo del ejercicio.
Por su parte, los más mayores sufren una mayor incidencia de
las enfermedades cardiovasculares pero es cierto que suelen estar más
controlados sanitariamente.
Todas estas precisiones demuestran lo aconsejable de escuchar el consejo
del cardiólogo para establecer el planteamiento de una actividad
deportiva. El reconocimiento cardiaco no es complejo, pero su interpretación
y el consejo cardiodeportivo es bueno que provenga de un especialista
con experiencia.
Normalmente, este reconocimiento incluye una conversación con el
paciente para conocer sus antecedentes cardiovasculares o sus posibles
síntomas, una exploración física (para valorar la
presencia de soplos cardiacos o arritmias) y si el médico
lo cree necesario un electrocardiograma, una radiografía
del tórax y un sencillo análisis de sangre.
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