Natación para cardiópatas

La natación es un deporte dinámico y especialmente recomendado para pacientes con problemas cardiovasculares. Durante su práctica se mueven grandes masas musculares y se utiliza el metabolismo aeróbico, basado en el aporte de oxígeno inhalado mediante la respiración para la obtención de la energía.

Para que la natación aporte los beneficios requeridos por el paciente coronario hay que cuidar especialmente la técnica, lo que implica una buena coordinación de los ejercicios respiratorios con los movimientos de cada estilo. Es necesario que, sobre todo al principio, las sesiones estén supervisadas por monitores cualificados que sepan corregir los movimientos incorrectos. Los cardiópatas no deben nadar mar adentro, ni en lagos o ríos con fuertes corrientes. Asimismo, tampoco deben hacerlo en solitario ni acompañados de nadadores inexpertos.

Dada su sensibilidad ante los cambios bruscos de temperatura, el enfermo con problemas cardiovasculares tiene que ser especialmente prudente con el calor. Especialmente, aquellos pacientes coronarios medicados con fármacos vasoactivos, ya que pueden tener complicaciones serias al entrar en el agua fría. Para evitar riesgos hay que realizar un calentamiento previo y un enfriamiento posterior.

Es preferible realizar sesiones cortas y frecuentes en el tiempo. Los expertos médicos recomiendan nadar cinco veces a la semana durante 20 y 40 minutos. Cuando no sea posible acudir a la piscina, el cardiópata puede sustituir la natación por otra clase de ejercicio aeróbico (andar, carrera suave, bicicleta).

La especialidad más recomendable es la braza porque en ella se mueve un mayor número de músculos. La mariposa es el estilo menos aconsejable, al ser el de más dureza y el que requiere mayor técnica. En cualquier caso, lo más importante es que cada cual nade con el estilo que le resulte más fácil y el que domine mejor.

Tras las primeras cuatro semanas de un programa de natación, el paciente coronario empezará a notar los beneficios: disminución de la tensión arterial y de la frecuencia cardíaca. A las 12 semanas, el nadador obtendrá la máxima adaptación a la intensidad a que se viene realizando el ejercicio y podrá aumentar el ritmo si lo desea.

Para mantener los beneficios cardiovasculares de la natación no debemos interrumpir ni abandonar su práctica. A las cuatro semanas de dejar el ejercicio, el paciente sólo mantendrá entre el 30 y el 40 por ciento de lo que había conseguido. A las ocho semanas, volverá a estar tal y como empezó.






 


 


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