Hay diferentes tipos de deportistas: esporádicos, de fin de semana, jóvenes, de base, de competición, de rehabilitación cardíaca... Aunque cualquiera de ellos puede someterse a una ecocardiografía de esfuerzo, ésta se recomienda especialmente entre los que realizan algún deporte de elite y los que hacen rehabilitación cardiaca tras un infarto agudo de miocardio. La ecocardiografía mide los grosores de las paredes y de las cavidades ventriculares. También examina la función de la bomba del corazón y comprueba la fracción de inyección y la respuesta hipertensiva al ejercicio. La principal conclusión que el cardiólogo busca de una ecocardiografía es descartar que el deportista padezca una miocardiopatía hipertrófica o una estenosis subvalvular aórtica. La ecocardiografía de esfuerzo consiste en una prueba en tapiz rodante o en bicicleta que pueden realizar tanto médicos del deporte como de atención primaria. Cuando la ecocardiografía implica la inyección de dobutamina o sustancias que aumentan la contractilidad, entonces es tarea del especialista. La prevención primaria resulta fundamental para evitar consecuencias
derivadas de un ejercicio insensato. Es necesario que el médico
de familia realice un estudio de riesgo del paciente antes de que se
ejercite indebidamente. En este sentido, el valor de la ecocardiografía
es básico, ya que cualquier alteración aórtica
o de tipo congénito pueden ser la causa de futuros síncopes
e incluso de muerte súbita.
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