Reconocimiento físico deportivo
La
aparición de problemas relacionados con la práctica deportiva
(muerte súbita, dificultades pulmonares, daños óseos,
etc.) puede desaconsejar el ejercicio en determinados casos. Para descubrir
posibles complicaciones debe realizarse un examen médico antes
de iniciar la actividad física.
Lo ideal es someterse a un chequeo amplio que incluya un reconocimiento
antropométrico -peso, talla, etc.-, una evolución de la
trayectoria deportiva y una historia médica con los antecedentes
personales y familiares.
El médico debe interesarse por el tipo de deporte que el realiza
el paciente, cuántas horas lo practica a la semana y con qué
intensidad. La exploración clínica incluye auscultación
general, junto con un examen cardíaco, pulmonar, de la tensión
arterial y una prueba de esfuerzo.
Es recomendable hacerse un análisis del balance morfoestático
[posibles anomalías, desviaciones y desalineaciones], del aparato
locomotor [columna, caderas y extremidades inferiores] y una cineantropometría
[disciplina que mide al hombre en relación con el movimiento]
que divide el peso total en sus cuatro componentes: óseo, muscular,
graso y residual.
Si el médico detecta un problema tiene que valorar si esa persona
puede seguir o no haciendo deporte. Hay contraindicaciones relativas
por las que se aconseja al paciente que se ajuste a determinados niveles
de intensidad prefijados en unas tablas. También pueden descubrirse
contraindicaciones absolutas, como cardiopatías graves.
Algunos adultos con factores de riesgo cardiovascular realizan una
actividad deportiva heterogénea y poco controlada. Se trata de
personas que realizan actividades de fin de semana, como correr, salir
en bicicleta o esquiar. Para esta clase de deportistas es recomendable
incluir en el reconocimiento una prueba de esfuerzo con control electrocardiográfico
en bicicleta ergométrica y tapiz rodante.
El ejercicio se utiliza como terapia en enfermedades en las que hubiera
sido impensable hace sólo unos años: hipertensos, trasplantados
cardíacos, diabéticos, epilépticos... También
se ha comprobado su utilidad en enfermos de sida, en pacientes con problemas
osteoarticulares y en afectados por tumores.
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