Ejercicio físico y aparato cardiovascular
[...] Un hecho que cuando se piensa en él produce sorpresa y admiración es el trabajo del corazón: comienza a latir antes del nacimiento (inicia su actividad en el embrión de 4 semanas) y no cesa hasta que morimos. Esto supone que en una persona de 75 años ha latido unos 3.000 millones de veces y ha bombeado unos 353 millones de litros de sangre. A pesar de este trabajo imponente, el corazón sufre pocas alteraciones con el paso de los años. A esta afirmación algún aficionado a los temas de salud podrá argüir, que las enfermedades cardíacas constituyen la primera causa de muerte en los países occidentales (aproximadamente el 30 por ciento) y tiene razón. Sin embargo, la causa de que muchos padezcan alteraciones cardíacas no es el trabajo que realiza el corazón, sino los factores patológicos que interfieren en el envejecimiento normal de este órgano. Entre estos factores de riesgo están: la ateromatosis coronaria, la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado, etc. Cuando el corazón envejece fisiológicamente sufre muy pocos cambios: apenas varía su peso y volumen, disminuye ligeramente la capacidad de bombear sangre y, quizá, lo que se afecta más es la adaptación de la frecuencia cardíaca a la intensidad del ejercicio. Si un joven de 20 años realiza un esfuerzo que exija un 90 por ciento de su capacidad aeróbica, el corazón llega a latir unas 200 veces por minuto, en cambio, en una persona de 75 años apenas llega a las 120 pulsaciones. En consecuencia, el esfuerzo que puede realizar un anciano es muy inferior al de un joven y, además, se fatiga antes.
El sistema arterial sufre, con los años, cambios más intensos que el corazón, sobre todo determinadas arterias como las coronarias (encargadas de irrigar e corazón). La pared arterial experimenta un proceso de esclerosis (se endurece y pierde elasticidad) y, en algunos puntos, aparecen placas de ateroma, que estrechan la luz arterial. En las coronarias está es la causa de los infartos de miocardio.
En las alteraciones vasculares, al efecto de los años, se suma una serie de factores que tienen más importancia que la edad. Los principales son: la hipertensión, la hipercolesterolemia (nivel alto de colesterol en sangre), la diabetes y el hábito tabáquico.
Los estudios realizados para conocer el efecto del ejercicio físico sobre estos factores de riesgo que llevan al fallo cardíaco son numerosos y fiables, pues las cohortes estudiadas son muy amplias y el seguimiento, en algunos casos, ha superado los 25 años. Los resultados obtenidos en estos estudios, por otro lado, muy concordantes entre sí, los vamos a resumir atendiendo: 1) al efecto sobre la mortalidad; 2) sobre la enfermedad coronaria; 3) sobre la hipertensión; 4) sobre la hipercolesterolemia; 5) sobre los ictus cerebrales (trombosis, hemorragias, etc.) [...]
Extracto del libro “Consejos médicos para la tercera edad”, de los Dres. E. alegría, L.M.ª Gonzalo, J.L. Guijarro, J. Ibáñez, E. Quintanilla, J. Reparas y R. Zapata.
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