Energía para el corazón

La práctica de ejercicio, bien sea como aficionado o como profesional, genera una sobrecarga que puede traducirse en daño celular y alteraciones funcionales diversas. Esta situación suele incidir negativamente sobre el organismo que realiza esta actividad, minando su salud y rebajando su rendimiento. Una de estas sobrecargas tiene que ver con la generación de agentes oxidantes, los llamados "radicales libres". La única manera de mitigar sus efectos perjudiciales es la presencia de antioxidantes que bloqueen su actuación.

La actividad antioxidante de nuestro organismo se produce gracias al consumo de vitamina E y de la coenzima Q10. Aunque menos conocida que la primera, esta proteína -también conocida con el nombre de ubiquinona- se distribuye en diferentes proporciones y puede encontrarse en el pescado, las carnes rojas, las nueces y la soja. Los órganos que mayor cantidad de energía necesitan para poder trabajar (el corazón, el hígado) son los que más Q10 contienen.

La coenzima Q10 es una de las piezas imprescindibles para la obtención de energía, ya que forma parte de las mitocondrias, orgánulos celulares encargados de la producción de gran parte de la fuerza que requiere el cuerpo humano. Para ser más precisos, la coenzima Q10 se encuentra en las membranas de las mitocondrias, donde produce ATP, la molécula encargada de proporcionar la energía necesaria a todos los procesos celulares que la demandan, como por ejemplo la contracción y relajación muscular.

Numerosos estudios han demostrado que las personas con afecciones del corazón que consumen cantidades adecuadas de Q10 mejoran la captación de oxígeno, su función cardíaca y su resistencia al esfuerzo.


 


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