Elegir la actividad adecuada

Una de las dudas más habituales de las personas con problemas de corazón es si tendrán que limitar su ritmo de ejercicio físico. Como norma general, caminar y nadar son dos actividades beneficiosas para nuestro sistema cardiovascular y repercuten positivamente en la mayoría de los enfermos con una patología coronaria.

Es evidente que el trabajo que ha de realizar el corazón varía mucho según el tipo de esfuerzo físico que realicemos. El golf, el tenis por parejas, el baile, la natación y los paseos en bicicleta no son ejercicios que exijan demasiado a nuestro corazón. También están especialmente indicadas ciertas tareas domésticas y trabajos en el jardín que no impliquen demasiada exigencia.

Las personas con algún problema cardiovascular, sin embargo, tienen que evitar los deportes de alta intensidad como el baloncesto, el remo o la lucha y tampoco deben practicar natación o ciclismo si es a nivel de competición. Otros deportes como el submarinismo, el fútbol o el hockey están explícitamente contraindicados por su alto riesgo de lesión coronaria para pacientes con marcapasos o síndrome de Marfan.

Las personas con enfermedades congénitas de corazón pueden hacer deporte, aunque deben pasar revisiones periódicas y limitarse a realizar aquellas actividades que el cardiólogo les indique como adecuadas para su estado de salud. Pruebas como el ecocardiograma, el Holter o la ergometría o prueba de esfuerzo determinan cuál es el nivel actividad física seguro para cada paciente. Si durante la práctica deportiva se nota dolor en el pecho, palpitaciones o dificultades para respirar hay que interrumpir la actividad inmediatamente y acudir al cardiólogo.

Los problemas coronarios también pueden repercutir en nuestra vida laboral. En aquellas ocupaciones en que no se precise un esfuerzo físico, el paciente está absolutamente capacitado para desarrollar sus obligaciones con total normalidad. Sin embargo, hay algunos trabajos manuales que sí requieren de ciertas dificultades y molestias que pueden provocar fatiga o agotamiento. Los cardiópatas no deben levantar peso ni emprender actividades que les provoquen vértigos o desmayos, ya que éstos pueden motivar situaciones peligrosas para ellos y para sus compañeros. En cualquier caso, siempre tenemos que preguntar al cardiólogo si se nos presentan dudas sobre cómo nuestra salud se verá afectada por el trabajo que desarrollamos.



 


 


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