EJERCICIO Y SALUD CARDIOVASCULAR

Aunque es tremendamente complicado demostrar la relación directa entre la falta de ejercicio físico y la enfermedad cardiovascular, los datos epidemiológicos son claramente indicativos de los efectos beneficiosos del ejercicio en la prevención de enfermedades coronarias y en la disminución de la mortalidad por todas las demás causas cuando la actividad física forma parte de las actividades laborales y recreativas.
La actividad física de tipo aeróbico —es decir, de larga duración,
intensidad ligera-moderada (individualizada para cada persona), realizada con asiduidad y movilizando grandes grupos musculares (ejercicio dinámico como carrera, bicicleta o natación por ejemplo)— es el tipo de ejercicio más recomendable, del que se derivan las adaptaciones más beneficiosas para la salud:
quienes la practican regularmente tienen menor incidencia de enfermedades cardiovasculares.
Este ejercicio previene y facilita la recuperación de la enfermedad coronaria porque ayuda a controlar los factores de riesgo coronario: • Disminuye la tensión arterial en reposo y favorece el control de la hipertensión arterial ligera-moderada. • El perfil lipídico se modifica con un descenso de los triglicéridos sanguíneos y un incremento de la fracción HDL-colesterol (colesterol bueno, que no produce placas de ateroma que obstruyan las arterias) con un efecto protector frente a la arterioesclerosis. • Nos ayuda a controlar la diabetes, disminuyendo las necesidades de insulina. • Produce un incremento importante del gasto calórico, que permite controlar la obesidad. • En los deportistas existe una tendencia hacia tener hábitos higiénico-dietéticos más saludables como no fumar, comer bien (con pocas grasas) y descansar lo suficiente. • El ejercicio físico tiene un efecto relajante y nos permite distraernos y olvidarnos del estrés cotidiano.
Además, el entrenamiento aeróbico produce modificaciones cardiovasculares: se observa un descenso de la frecuencia cardiaca (pulsaciones del corazón por minuto) en reposo y también durante la realización de un ejercicio físico de intensidad submáxima, sin que se aprecien modificaciones habitualmente en la frecuencia cardiaca máxima con el entrenamiento. Las cifras de tensión arterial disminuyen en reposo y durante el ejercicio experimentan incrementos más suaves que en sujetos no entrenados. El tamaño de las cavidades del corazón aumenta, mejora su capacidad de llenado y, por tanto, se incrementa el volumen cardiaco. Las paredes del corazón son algo más gruesas que en la población no deportista. En conjunto el corazón crece de una forma armónica sin que se produzcan desequilibrios entre el volumen de las cavidades cardiacas y los espesores de las paredes. Otra adaptación importante del corazón es el incremento del volumen sistólico o volumen latido, es decir, la cantidad de sangre que expulsa el corazón cada vez que se contrae. En lo que a los vasos sanguíneos que irrigan el corazón se refiere, tienen una mayor capacidad de dilatarse en ejercicio a la vez que aumenta el número de capilares en relación a las fibras del músculo cardiaco. Si quiere saber más pinche aquí.
Estos beneficios apuntados anteriormente se refieren al entrenamiento de tipo aeróbico y dinámico. El ejercicio de tipo anaeróbico (de corta duración y alta intensidad) y estático o isométrico (ejercicio con pesas por ejemplo) también producen adaptaciones en el organismo, pero no tiene tantos efectos beneficiosos para la salud. Las adaptaciones del ejercicio anaeróbico y estático son específicas para la mejora de las cualidades físicas que se trabajan con este tipo de entrenamiento, como la fuerza muscular.


-. Otros efectos del deporte sobre el organismo
-. ¿Ejercicio aeróbico o anaeróbico?
-. ¿Quién debe practicar ejercicio?

 


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