LOS MAYORES Y LA NATACIÓN
Una de las actividades físicas más recomendadas para practicar por las personas mayores es el ejercicio en el agua. Son grandes las ventajas que reporta y muy pocos los riesgos que implica. ¿Por qué se producen tantos beneficios?
  Al entrar en el agua el peso del cuerpo es contrarrestado por la fuerza de flotación de manera que Los huesos, articulaciones y músculos se liberan de la compresión y la tensión a la que están sometidos en tierra bajo el efecto de la gravedad.
Al liberarse del peso, la musculatura se distiende, hay menor tensión en los ligamentos que unen las articulaciones y la articulación también se relaja y descomprime, aliviándose de manera notable el dolor, la inflamación, la
salida del líquido que lubrifica la articulación y se reduce el choque con las superficies óseas al dejar de estar en contacto; en fin, toda clase de ventajas para el sistema músculo-esquelético y articular.

Además, al entrar en el agua se produce un reflejo que reduce la frecuencia cardiaca, lo que supone una reducción del gasto que el corazón debe hacer, algo que también ocurre porque el agua ayuda a disipar calor corporal a través de la piel, lo que hace disminuir asimismo la frecuencia cardiaca.
La posición adoptada puede facilitar la circulación sanguínea al igual que la presión hidrostática aplicada al cuerpo al sumergirse, produciéndose un efecto de masaje sobre toda la superficie corporal permitiendo una sensación de bienestar, estimulando la superficie corporal y rebajando también el trabajo cardiaco y, por tanto, la frecuencia cardiaca.
La mayor densidad del agua, su viscosidad, las turbulencias que se generan ofrecen una resistencia al movimiento que influye en el mantenimiento del rango de movimiento articular y en la ganancia de fuerza contra una fuerza 12 veces mayor que la del aire.
El agua a la temperatura adecuada, por encima de los 28 grados, es un excelente bálsamo para las artrosis muy avanzadas por todo lo comentado anteriormente.
Dentro del agua los movimientos se retardan; por ello, es un medio para ahorrar energía permitiéndonos trabajar más tiempo a intensidad baja e incidir en el mantenimiento o mejora de la resistencia aeróbica y tonificar los músculos adecuadamente.
Se trata de hacer ejercicio dentro del agua; por lo tanto, las posibilidades no se reducen a nadar en solitario. A veces, se necesita la ayuda, la cooperación de otros, para la realización de ejercicios o para divertirse con los demás. Por eso, realizar la actividad en un grupo es lo más adecuado: esto nos permitirá conocer nuevas personas.
¿Qué hacer dentro del agua?
· Sencillos movimientos de piernas y brazos parados o en desplazamiento, similares a los que realizamos en tierra en la gimnasia de mantenimiento.
· Andar de todas las maneras posibles; correr manteniendo el tronco muy recto; saltar poco. No necesariamente tenemos que saber nadar. Aunque no renunciemos a aprender, no es lo único que podemos practicar para hacer ejercicio en el agua y mejorar así nuestra salud.
Lo más conveniente es ponerse en manos de los profesores especialistas del medio acuático, que nos indicarán formas de estar en el agua adecuadas a cada uno, particularizando para nuestras dolencias concretas.

Algunos consejos.
· Para que se produzcan beneficios, se ha de practicar al menos dos veces por semana y, como mínimo, treinta minutos cada vez.
· Lo mejor es hacerlo en grupo o acompañado de alguien; se disfruta más y se puede contar con ayuda si se necesita.

  •  Aunque en el agua suelen ocurrir pocos accidentes actuando con  precaución, se deben llevar zapatillas para los accesos y las  duchas para prevenir las caídas. Hay que tener cuidado con las  entradas y salidas de las piscinas.
  •  Si el suelo de la piscina es molesto, podemos usar calcetines  especiales para el agua.
  •  Es importante arroparnos convenientemente al salir del agua,  tomar una ducha y después, ya secos, aplicarnos una crema  hidratante sobre la piel dándonos un masaje por todo el cuerpo.
  •  Debemos combinar las sesiones de piscina con paseos en tierra  bajo el sol en las horas que no es muy fuerte, lo que variará  según las épocas del año.

Por último, recomendar una vez más a cualquier mayor que quiera comenzar programas de actividades acuáticas que deben consultar a su médico sobre la conveniencia de elo según su estado de salud e informar a los responsables de los programas acuáticos de las orientaciones que los facultativos puedan hacer al respecto.

Materiales auxiliares, si o no
Es adecuado, conveniente y enriquecedor usar a veces materiales auxiliares como manguitos, cinturones para mantener la flotación vertical, rulos, pelotas, colchonetas que nos hacen flotar a media altura; todos ellos con el objeto de servirnos de sujeción para no hundirnos; otras veces para no cansarnos tanto y poder practicar el ejercicio durante más tiempo con menor esfuerzo o porque un día te encuentras especialmente cansado. O bien por el simple placer de probar sensaciones nuevas que no tendríamos sin utilizar material.
No olvidemos que usar material necesita también su aprendizaje. Por ello debemos consultar con los profesores especialistas la mejor manera y el mejor momento para usarlos así como formas diferentes de uso, para aprovechar las posibilidades del material auxiliar.



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