La natación en el embarazo

Nadar es uno de los ejercicios más recomendados durante la gestación. Hecha la salvedad, por supuesto, de que su práctica debe ir refrendada por su médico. El valorará aspectos como su estado físico general, el tipo de natación que va a realizar y en qué condiciones (piscina, mar...), sus antecedentes obstétricos y las particularidades de su gestación y salud en general. Consulte siempre con su especialista si tiene antecedentes hemorrágicos o de partos prematuros, si presenta factores de riesgo cardiovascular como hipertensión, si tiene un embarazo múltiple o ha tenido algún aborto previo. En la mayoría de los casos, la natación se puede practicar a lo largo de todo el embarazo. Normalmente, sin embargo, se evita en las semanas previas al parto porque aumenta el riesgo de infecciones.

Los especiales beneficios de la natación durante el embarazo vienen determinados por la capacidad del agua para amortiguar el peso corporal. De ese modo, la embarazada adquiere en el agua una mayor libertad de movimientos, relaja las zonas del cuerpo que se sobrecargan por la nueva redistribución del peso durante la gestación, libera sus articulaciones y se siente ágil. Por tanto, se trata de una práctica deportiva que ayuda a controlar el peso durante el embarazo, mejora el sistema cardiovascular, proporciona tonicidad a la musculatura, disminuye los edemas circulatorios, colabora en la flexibilidad del cuerpo y en su resistencia aeróbica y prepara al organismo para el esfuerzo del parto.

Aún así, hay una serie de precauciones que se han de tener en cuenta a la hora de practicar la natación durante el embarazo:
-. La gestación no es el momento ideal para aprender a nadar o para volver a hacer ejercicio tras años de vida sedentaria. Consulte con su especialista para encontrar la variedad o práctica más adecuada a su situación (como los ejercicios y la gimnasia acuática, por ejemplo).
-. El embarazo no es una enfermedad; pero hay que evitar los sobreesfuerzos. No lleve nunca su cuerpo al límite y escuche sus señales: no se agote.
-. Tenga especial vigilancia ante las condiciones sanitarias y de seguridad del espacio en el que realice este deporte. Si bien no es un ejercicio con riesgo si se practica adecuadamente, hay que estar atentos a las caídas al entrar y salir del agua. Lleve el calzado adecuado.
-. Haga pausas frecuentes y, si se baña al aire libre, evite las horas de máximo sol y calor. Es cierto que el agua regula el aumento de temperatura que provoca el ejercicio, pero debe evitar sobreexponerse al sol, al menos en sus horas de máxima fuerza.
-. La natación puede mejorar su relación social y favorecer que comparta experiencias con otras personas y otras embarazadas; pero tenga cuidado con las piscinas muy concurridas: hay que prevenir los golpes o encontronazos accidentales con otros bañistas.

Por último, uno de los aspectos más relevantes de la natación respecto al embarazo es el potencial beneficio psicológico en la mujer. Además del bienestar que produce la sensación de liviandad en el agua, se trata de un ejercicio que relaja la mente, puede disminuir los niveles de estrés y la tensión nerviosa (por el nuevo estado físico, los cambios hormonales, el miedo al parto, etc…). La natación nos ayuda a conocer nuestro cuerpo y aceptar sus cambios, colabora a fomentar la relación social durante la gestación y puede constituir un elemento más en los programas de preparación al parto.



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