Un ejercicio constante

De poco nos servirá iniciar un programa de ejercicio físico si éste no se convierte en una actividad constante en nuestro ritmo de vida. El trabajo, el cansancio o la pereza son algunos de los enemigos habituales. Para evitar el desánimo y no caer en la tentación del abandono, le sugerimos:

 

 

 

  • Entrenar con un compañero de similar capacidad física. Siempre será más divertido. Además, se animarán el uno al otro en los momentos de debilidad.

  • Buscar motivaciones para cumplir sus objetivos y premiarse de alguna forma cuando finalice cada sesión.

  • Tener siempre a mano (en el trabajo, en el coche...) unas zapatillas deportivas y una bolsa con ropa cómoda. Nunca se sabe cuándo puede tener la oportunidad de practicar ejercicio. O, por ejemplo, una comba puede ayudarle a mantenerse en forma en casa, en el trabajo, en los viajes...

  • Escribir mensajes y dibujos motivadores en su mesa de trabajo, en la nevera, en el espejo de su habitación... La idea es que recuerde constantemente que tiene que hacer ejercicio y que éste le sienta muy bien a su salud.

  • Diseñar un plan de entrenamiento específico para cada época del año. No es lo mismo entrenar en invierno que en verano, así que las posibilidades y el entorno en qué ejercitarse también deben cambiar.

  • Si su grupo de amigos sólo realiza actividades sedentarias, animarles a que se atrevan con otro tipo de diversión más relacionada con el ejercicio físico: excursiones, juegos, deportes de equipo, etc.

  • Evitar que las relaciones sociales se centren únicamente en la comida y la bebida. Piense alternativas para poder quedar con sus amigos y conocidos en las que no haya que sentarse alrededor de una mesa.

  • No desmoralizarse si pasa unos días sin hacer ejercicio. Eso no significa que ya no pueda retomarlo, ni que todo el trabajo realizado se haya perdido. Lo importante es que mantenga las ganas y el espíritu de superación.

  • Eliminar los sentimientos de culpa si se ha saltado alguna sesión. Los remordimientos sólo van a tener una repercusión negativa en nuestro estado de ánimo.

  • Si detiene su ritmo de entrenamiento debe analizar la situación y descubrir qué aspectos de su rutina de ejercicio físico tendría que modificar. Las actividades que emprenda han ser divertidas, de forma que no le supongan un esfuerzo moral añadido, aparte del estrictamente físico.





 


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