Caminar de forma deportiva
Desde
que nuestros ancestros prehistóricos se decidieron a caminar
sobre las extremidades inferiores, el movimiento alterno de las piernas
para avanzar se ha convertido en la más natural de las acciones
humanas. Aunque la frecuencia y familiaridad de nuestros pasos no nos
invite a reflexionar sobre sus beneficios, hemos de reconocer que andar
es la forma más sencilla y económica de practicar ejercicio.
Disfrazado con anglicismos -walking- o una pluralidad de términos
más o menos confusos -marcha, senderismo, paseo, etc.-, caminar
va ganando cada vez más adeptos como deporte gracias a sus positivos
efectos sobre la salud: reduce la presión arterial, mantiene
el peso corporal y apenas presenta riesgo de lesión.
Muchas de las personas aficionadas a la práctica de ejercicio
físico que han padecido un episodio cardiovascular se han visto
obligadas a adaptar sus hábitos deportivos a las especiales circunstancias
que se les han presentado. Sin embargo, lejos de transformarse en pacientes
sedentarios, han reconvertido sus costumbres hacia modalidades más
apropiadas para su corazón. Y entre ellas, la más indicada
para los enfermos coronarios es, sin duda, caminar. Por fácil
y sencillo que parezca, antes de empezar a andar como actividad deportiva
hay que tener en cuenta una serie de factores:
Si queremos mejorar nuestra salud, no debemos limitarnos a pasear sin
objetivos. Lo más indicado es consultar con el médico
y pedirle una prueba de esfuerzo previa para que valore nuestra situación
real.
Gracias a los nuevos cuentakilómetros de última generación,
capaces de medir velocidad y distancia de una forma mucho más
precisa que los cuentapasos tradicionales, caminar se ha convertido
en un ejercicio aeróbico muy controlado.
Cuando consigamos mantener una conversación al mismo tiempo
que andemos, habremos alcanzado el punto en que podamos mejorar considerablemente
sin riesgo alguno para el corazón.
Una vez hemos llegado a ese último punto, nuestros objetivos
deben centrarse en la mejora de nuestro rendimiento:
Si no tenemos mucho tiempo, intentaremos aumentar la intensidad. Para
ello, debemos aumentar la velocidad hasta 6-7 km/h. Es decir, tenemos
que recorrer entre 1,5-1,75 kilómetros cada 15 minutos. Este
esquema de entrenamiento también es muy válido para aquellos
que deseen empezar a correr por primera vez y para las mujeres embarazadas.
Si disponemos de tiempo, lo mejor será invertirlo en aumentar
el fondo aeróbico. En ese caso, el entrenamiento consiste en
caminar tres kilómetros adicionales cada semana, manteniendo
un ritmo de 5 km/h. Cuando seamos capaces de caminar dos horas diarias
o diez kilómetros al día habremos conseguido los objetivos,
así que no será necesario seguir aumentando los kilómetros.
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