En primer lugar, cuando los músculos se entrenan haciendo los mismos ejercicios repetidos en el tiempo con arreglo a un programa racional, aumenta la capacidad de captación de oxígeno por los mismos. Por ello, disminuye el consumo de oxígeno por estos músculos para un mismo nivel de esfuerzo (por lo que la cantidad de sangre necesaria para el músculo es menor), y también para el mismo nivel de esfuerzo se reduce el gasto cardíaco, la frecuencia cardíaca y la fracción de eyección. Esta es la causa de que los sujetos entrenados aguanten mucho mejor que los no entrenados un esfuerzo determinado, con menor frecuencia cardíaca. Además, al disminuir el trabajo muscular y cardíaco para un mismo nivel de esfuerzo, alcanzan un consumo máximo de oxígeno mayor, por lo que los sujetos entrenados pueden soportar ejercicios más intensos. Asimismo, el umbral anaerobio está a un nivel más alto, con lo que ellos soportan esfuerzos más intensos sin que se produzca ácido láctico y, por tanto, agujetas. Extracto del capítulo “El corazón y el sistema circulatorio: su adaptación al ejercicio”, del Dr. Valeriano Sosa, incluido en el libro “Ejercicio y corazón”, editado por la FEC. Si quiere consultar el texto completo, pinche aquí. |
