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Windsurfing y esquí acuático
WINDSURFING
El windsurfing se remonta al siglo XV: era un ceremonial místico
religioso cuya práctica estaba reservada a los príncipes
hawaianos. Hoy, ha perdido sus aspectos místico pero no su atractivo.
Requiere un moderado esfuerzo cardiovascular por el esfuerzo psíquico
y el trabajo muscular, preferentemente isométrico, sobre todo
en los brazos y músculos del tronco, asimismo, se necesita una
gran habilidad y destreza. Los esfuerzos isométricos citados
producen un aumento de la tensión arterial, por lo que se desaconseja
su práctica en personas con hipertensión no controlada
y cardiopatías obstructivas.
Las lesiones más comunes -añadidas a las propias del medio
acuático, como la hipotermia- son las distensiones o roturas
musculares, quemaduras, ampollas en manos y pies, contusiones, dolores
de espalada por la posición en extremidades inferiores.
ESQUÍ ACUÁTICO
Practicado de manera creativa durante el verano es un deporte de ligero-moderado
esfuerzo cardiovascular con un coste energético moderado. Para
deslizarse sobre el agua el esquiador necesita desarrollar un importante
trabajo isométrico del tronco y brazos y tener un buen equilibrio
y alta coordinación de movimientos.
Es indispensable que toda persona que se inicie sepa andar. Pero, por
más experto nadador que uno sea, es obligatorio el uso del chaleco
salvavidas que permite al cuerpo realizar libremente los movimientos,
sin oprimir excesivamente el tórax y la cintura, y lo mantiene
en el agua hasta la nueva colocación de los esquís y la
salida del agua.
Se requiere una condición física aeróbica para
realizarlo en óptimas condiciones, retrasar la fatiga y evitar
accidentes debidos normalmente al enfriamiento muscular. A estas particularidades
se suman los problemas derivados de su práctica en el agua.
No es aconsejable que las personas con hipertensión no controlada,
cardiopatías obstructivas o valvulopatías con insuficiencias
de grado moderado-severo elijan este deporte. Tampoco se recomienda
para los mayores de 65 años, aunque el estado cardiovascular
lo permita, ya que a esta edad los accidentes en el agua pueden provocar
con mayor frecuencia apnea, taquicardias, lipotimias y dolores epigástricos,
así como accidentes traumáticos (lesiones vertebrales,
de rodilla...).
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