Recomendaciones básicas

  • Se recomienda realizar un examen médico-deportivo antes de iniciar la práctica del deporte, sobre todo en adultos (alrededor de los 40 años) que pueden presentar factores de riesgo coronario como el consumo de tabaco, estilo de vida sedentaria, obesidad y/o niveles de colesterol elevados o hipertensión arterial.

  • Realizar ejercicios de calentamiento/enfriamiento y estiramiento muscular, durante 15 minutos, antes y después del partido para prevenir lesiones musculares o tendinosas.

  • Es necesario mantener una buena hidratación para compensar las pérdidas producidas por la transpiración. La ingestión de líquidos debe ser antes, durante, y después del ejercicio. Se recomienda beber 350 ml. de agua o bebidas isotónicas por cada 20 minutos de ejercicio.

  • El golpe de calor es un accidente a tener en cuenta por los jugadores. En días de mucho sol, el color blanco de la ropa protege de los rayos solares al no absorber el calor como los colores oscuros. La protección de la cabeza y nuca con un gorro, o un pañuelo anudado al cuello, también puede evitar su aparición.

  • Hay que escoger zapatillas ligeras, cómodas, duraderas, adecuadas y con suela suave. El calzado que sujeta bien el pie reduce la frecuencia de esguinces de tobillo y tendinitis. Si el pie se mueve dentro del calzado, se aconseja usar plantillas y taloneras acolchadas.

  • Los calcetines más adecuados son los de algodón, por su mayor capacidad de transpiración, absorción del sudor y su confort. Hay que revisar su estado, ya que cualquier tara puede provocar lesiones en el pie (rozaduras, ampollas). En ocasiones, se utilizan dos pares para amortiguar el efecto negativo que algunas superficies pueden ocasionar al frenar el pie.

  • La higiene de los pies es muy importante, hay que secarlos cuidadosamente después de la ducha. El exceso de transpiración y la humedad pueden provocar el "pie de atleta", favorecido por el uso de zapatillas mal ventiladas.

  • El cansancio, un entrenamiento incorrecto, la pérdida de sales y fluidos corporales o una dieta incorrecta pueden provocar rigidez y calambres. Un entrenamiento adecuado y una buena reposición hidroelectrolítica son medidas preventivas que no deben olvidarse, sobre todo cuando el clima favorece la sudoración excesiva.


    Es importante recordar que cualquier modalidad de ejercicio físico se debe recomendar de forma individual y siempre bajo el asesoramiento de un médico que pueda orientarle hacia aquellos deportes de los que pueda obtener un mayor beneficio y el mínimo riesgo para su salud.



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