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Historia
Quizá esta cita del prestigioso historiador del deporte sirva para centrar la propia identidad de lo que hoy día llamamos deporte de la pelota. Varias cuestiones se nos plantean al respecto: ¿Es uno o varios juegos distintos? ¿Hay alguno originario del cual derivan el resto? ¿Ha habido en algún tiempo, país o cultura determinada, un juego a partir de cual pueda decirse con rigor histórico que se han generado los actualmente existentes? Ante el enunciado "jugar a la pelota", ¿entenderían lo mismo un francés de la Picardía, un mexicano de Oaxaca, un belga, un italiano, un irlandés, un valenciano y un vasco? Evidentemente, no. Es común, entre los estudiosos la historia del deporte, el reconocimiento de la esfera como "el elemento lúdico más primitivo, el más usado en sus juegos por los niños y por los hombres... La bola ha dado lugar a la mayor variedad de juegos y deportes" (J. Tudela, 1957). No es extraño, pues, que desde China a América Central, de Oceanía a Alaska, nos encontremos una variada gama de juegos con pelotas, construidas con los más diversos materiales, diferentes en su tamaño y composición, practicados tanto en terrenos al aire libre como en espacios cerrados, con o sin instrumentos o herramientas específicas, según reglas más o menos precisas. En el ámbito cultural europeo es obligada la referencia a los juegos de pelota entre griegos y romanos como antecesores, plenamente documentados, de los actualmente existentes. Hay escasas y dispersas citas sobre el desarrollo de estos juegos hasta la Baja Edad Media en Francia, Países Bajos, Inglaterra, Italia y la Península Ibérica. A partir del siglo XII, y de forma progresiva, van aumentando las referencias documentadas. Son datos entresacados de las crónicas reales, constituciones sinodales e incluso obras literarias. En Francia la implantación del juego fue por delante de otros países. La modalidad más extendida era el "jeu de paume", esto es, juego de pelota con la palma de la mano. Se practicaba en espacios abiertos -extramuros de las ciudades o los castillos-, pero también en lugares cerrados -palacios y conventos-. En los siglos XIII y XIV, el juego se generaliza por todo el país y se comprueba la existencia de cerca de 500 "tripots" o salas de juego. También se constata la existencia de juegos de pelota en Italia, donde parece que se introdujo por primera vez la raqueta -probablemente de origen bizantino- y un cierto tipo de pala. En la Península Ibérica podemos rastrear la práctica del juego de pelota en textos que van desde la "Etimología" de Isidoro de Sevilla, pasando por "Las Cantigas de la Virgen" de Alfonso X el Sabio, y "El Libro del Buen Amor" del Arcipreste de Hita.
La fórmula de competición más tradicionalmente arraigada ha sido la del desafío individual o por equipos, fruto de la rivalidad interregional o de pueblo contra pueblo, asociado frecuentemente al cruce de apuestas, tanto entre los propios participantes como entre el público espectador. El fenómeno de la apuesta es una característica básica en la estructura competitiva de los deportes vascos y muy en particular de la pelota. Algunos desafíos entre pelotaris han pasado a la leyenda, como el de Hernani (1720) entre navarros y guipúzcoanos, el de Bayona (1755) entre vasco-franceses, y el de Cartagena, en el mismo año, entre navarros y levantinos. En todos ellos las crónicas resaltan el ambiente popular y festivo en el que se celebran, la relevancia del acontecimiento y las grandes apuestas que se cruzaban entre los partidarios de uno y otro bando.
Texto y fotos cedidos por la Federación Española de
Pelota.
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