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Recomendaciones prácticas. La prudencia y el sentido común deben ser las características fundamentales del individuo que practica el montañismo: tiene que conocer sus posibilidades y dosificar la energía para el regreso. A la montaña conviene subir en grupo para poder pedir ayuda si ocurren situaciones de riesgo. Una correcta alimentación e hidratación constituye una parte esencial del éxito de los escaladores de alta montaña, ya sean aficionados o profesionales, debido al elevado gasto de energía que supone el ejercicio físico en la montaña. Se debe seguir una dieta rica en hidratos de carbono, de 3.700 a 4.000 calorías por día, y con un aporte de tres a cinto litros de agua o bebidas isotónicas. Hay que preocuparse mucho por el cuidado de la piel, ojos y labios. El sol, ayudado por el viento y las superficies lisas y claras, como la nieve, la arena de la playa o las láminas de agua, son los responsables de que la piel se queme, se corten los labios y los ojos sufran en exceso. Para protegerlos se usarán cremas protectoras, lápiz labial, gafas de sol y gorra.
A la hora de subir cuestas, sobre todo si la pendiente es muy acusada, es preferible subir haciendo zig-zag para evitar las sobrecargas musculares. En caso de tener necesidad de atajar, hacerlo solamente durante las bajadas, pues es cuando se tiene una panorámica general de terreno a cruzar. Para realizar montañismo de forma segura se necesitan muchas cosas: una distribución correcta del peso, dominio del cuerpo, buena flexibilidad y un trabajo óptimo de las piernas en cualquier posición. En el senderismo, las marchas se deben adaptar a las personas que vayan en peores condiciones (los más lentos, los más cansados...) puesto que el ritmo a seguir debe ser tal que todos y cada uno de los miembros del grupo pueda seguirlo. |
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