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Montañismo, senderismo y corazón En el montañismo, el corazón puede sufrir una serie de cambios al existir una respuesta multiorgánica a la altura, tanto de forma directa como a consecuencia de alteraciones a otros niveles, especialmente pulmonares y neurológicas. Los efectos perjudiciales de las grandes alturas se deben a una disminución de la presión atmosférica, que induce una reducción en la presión parcial de oxígeno del aire, con lo que bajará la tensión del oxígeno en la sangre arterial. Con la práctica del senderismo se aumenta la capacidad aeróbica y se mejora la respuesta del corazón al esfuerzo: aumenta el tamaño de las cavidades del corazón, y por tanto, la cantidad de sangre en cada latido, mejorando la posibilidad de transporte de oxígeno y sustancias nutritivas; aumenta el número y tamaño de los vasos sanguíneos, por lo que se consigue aumentar el flujo de sangre para mantener la actividad muscular y facilitar el retorno venoso transportando hacia el corazón y los pulmones la sangre rica en anhídrido carbónico (CO2) y pobre en oxígeno (O2) y, además disminuye la frecuencia cardiaca por lo que el corazón consume menos energía (no hay que olvidar que la mayor parte del gasto energético del corazón se utiliza en el latido cardiaco). Por este motivo, es una modalidad recomendada en los programas de rehabilitación cardiaca. |
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Montañismo, senderismo y corazón |
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Montañismo, senderismo y el paciente cardiópata |
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| Montañismo y senderismo para niños, mayores y embarazadas |