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Futbolistas precoces
Uno de los trabajos más interesantes al respecto es el realizado
conjuntamente por el Instituto de Ciencias del Ejercicio de Copenhague
(Dinamarca) y la Universidad Libre de Amsterdam (Holanda), en el que
se siguió a 98 niños de 11 años, todos ellos jugadores
habituales de fútbol. Los chicos fueron separados en dos grupos
diferentes: por un lado los integrantes de los mejores equipos escolares
y, por otro, niños futbolistas de segundo nivel. Todos ellos
fueron sometidos a un seguimiento completo durante dos años,
con el objeto de analizar el desarrollo de su fuerza muscular, valorar
de la progresión de su crecimiento y medir la relación
existente entre los datos recogidos con sus niveles de testosterona
en sangre.
Niños más fuertes. La principal medición de fuerza fue la denominada "potencia de extensión de pierna dominante", que mide la intensidad de la patada al balón. Pero también se valoraron otros parámetros, como la fuerza de los músculos abdominales y lumbares, la fuerza de extensión de la pierna no dominante y la potencia de salto. Durante el tiempo en que se prolongó el estudio, un 28 por ciento de los niños examinados registro mejoría en los distintos parámetros analizados. Aunque todos los chicos mejoraron paulatinamente sus niveles, los futbolistas del grupo de elite mostraron desde el primer momento una clara superioridad sobre el resto, fundamentalmente en la fuerza de piernas y en el test de potencia de salto. Sin embargo, la conclusión más relevante del estudio vino por el análisis de los parámetros de testosterona -la principal hormona masculina- y su positiva influencia en la mejora de los resultados obtenidos. Dados sus conocidos efectos anabolizantes, el aumento de los niveles sanguíneos de testosterona hizo que los niños aumentaran su producción de tejido muscular y, por lo tanto, incrementaran considerablemente su fuerza. Capacidad cardiorrespiratoria. Un estudio español ha
demostrado que el fútbol no sólo desarrolla la fuerza
muscular en los niños, sino que también potencia su capacidad
cardiorrespiratoria. El Departamento de Pediatría del Hospital
Universitario Reina Sofía de Córdoba ha trabajado con
dos grupos de niños: 41 pertenecientes a un colegio público
y 33 integrantes de una escuela local de fútbol. Todos ellos,
varones de 6 y 7 años, se sometieron a mediciones hemodinámicas
y respiratorias antes y después de ejercitarse físicamente.
Los resultados mostraron un rendimiento superior en los niños
de la escuela de fútbol, ya que su frecuencia cardíaca
se mantuvo muy inferior a la de los niños no futbolistas. Asimismo,
los que practicaban fútbol de forma habitual ofrecieron valores
inferiores de frecuencia respiratoria y superiores en saturación
de oxígeno. Estas conclusiones han llevado a los pediatras responsables
del estudio recomiendan la actividad física competitiva y controlada
en niños de 6-7 años, por sus demostrados beneficios sobre
la función cardiorrespiratoria y la ausencia de efectos secundarios.
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