Fútbol ( IV)

 

Futbolistas precoces

Millones de niños juegan al fútbol en todo el mundo, bien de forma competitiva o como actividad recreativa en su tiempo de ocio, lo que hace de este deporte el más popular entre la población infantil de Europa, Africa y Surámerica. La masiva aceptación de esta actividad física entre los jóvenes contribuye a la proliferación de estudios que analizan los beneficios físicos y psicológicos de su práctica, así como sus riesgos y lesiones más comunes.

Uno de los trabajos más interesantes al respecto es el realizado conjuntamente por el Instituto de Ciencias del Ejercicio de Copenhague (Dinamarca) y la Universidad Libre de Amsterdam (Holanda), en el que se siguió a 98 niños de 11 años, todos ellos jugadores habituales de fútbol. Los chicos fueron separados en dos grupos diferentes: por un lado los integrantes de los mejores equipos escolares y, por otro, niños futbolistas de segundo nivel. Todos ellos fueron sometidos a un seguimiento completo durante dos años, con el objeto de analizar el desarrollo de su fuerza muscular, valorar de la progresión de su crecimiento y medir la relación existente entre los datos recogidos con sus niveles de testosterona en sangre.

 

Niños más fuertes. La principal medición de fuerza fue la denominada "potencia de extensión de pierna dominante", que mide la intensidad de la patada al balón. Pero también se valoraron otros parámetros, como la fuerza de los músculos abdominales y lumbares, la fuerza de extensión de la pierna no dominante y la potencia de salto. Durante el tiempo en que se prolongó el estudio, un 28 por ciento de los niños examinados registro mejoría en los distintos parámetros analizados. Aunque todos los chicos mejoraron paulatinamente sus niveles, los futbolistas del grupo de elite mostraron desde el primer momento una clara superioridad sobre el resto, fundamentalmente en la fuerza de piernas y en el test de potencia de salto. Sin embargo, la conclusión más relevante del estudio vino por el análisis de los parámetros de testosterona -la principal hormona masculina- y su positiva influencia en la mejora de los resultados obtenidos. Dados sus conocidos efectos anabolizantes, el aumento de los niveles sanguíneos de testosterona hizo que los niños aumentaran su producción de tejido muscular y, por lo tanto, incrementaran considerablemente su fuerza.

Capacidad cardiorrespiratoria. Un estudio español ha demostrado que el fútbol no sólo desarrolla la fuerza muscular en los niños, sino que también potencia su capacidad cardiorrespiratoria. El Departamento de Pediatría del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba ha trabajado con dos grupos de niños: 41 pertenecientes a un colegio público y 33 integrantes de una escuela local de fútbol. Todos ellos, varones de 6 y 7 años, se sometieron a mediciones hemodinámicas y respiratorias antes y después de ejercitarse físicamente. Los resultados mostraron un rendimiento superior en los niños de la escuela de fútbol, ya que su frecuencia cardíaca se mantuvo muy inferior a la de los niños no futbolistas. Asimismo, los que practicaban fútbol de forma habitual ofrecieron valores inferiores de frecuencia respiratoria y superiores en saturación de oxígeno. Estas conclusiones han llevado a los pediatras responsables del estudio recomiendan la actividad física competitiva y controlada en niños de 6-7 años, por sus demostrados beneficios sobre la función cardiorrespiratoria y la ausencia de efectos secundarios.


 






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