Esgrima (I)


Historia

La evolución en el manejo de las armas se desarrolla paralelamente a la propia historia de la humanidad. Algunos vestigios arqueológicos confirman que la esgrima surgió en Egipto cuatro siglos antes de la celebración de los primeros Juegos Olímpicos de la antigua Grecia. Según se aprecia en un bajo relieve encontrado en el templo Medinet Habu, construido por Ramsés III en 1190 a. de C., los egipcios ya utilizaban armas abotonadas en la punta, protegían su rostro con una máscara y contaban con jueces que hacían las veces de árbitro del combate.

En la Edad Media, el manejo de las armas no sólo alcanzó importancia en las guerras sino también como sistema para resolver problemas personales o duelos judiciales. El origen de esta práctica se atribuye a los pueblos escandinavos y germanos, civilizaciones en las que los propios monarcas se sometían a duelos. La protección por medio de una malla de metal dio lugar a un esgrima singular, que consistía en derribar y romper estas armaduras con pesadas armas. En un documento del año 1410, se evoca la necesidad de abatir al adversario por todos los medios.

La esgrima moderna tiene su punto de partida en España, en 1474, cuando Pons y Pedrós Torres escribieron los primeros tratados deportivos. A mediados del siglo XVI, los italianos desarrollaron el concepto, la esgrima pasó a estudiarse como una ciencia exacta y su práctica se expandió a toda Europa.

En el siglo XVII la esgrima conoció su verdadero impulso. Primero apareció el florete -arma de hoja flexible, terminada por un botón en forma de flor, que permitía simular un duelo sin riesgo-, después se inventó la máscara -que aumentaba las posibilidades de entrenamiento-, y sobre todo, se profundizó en el estudio de las posiciones y los movimientos de los tiradores.

La esgrima del siglo XVIII tenía unas características más convencionales, donde los saludos, reverencias y otras posiciones afectadas ocupaban un lugar preferente. Los últimos tratados del siglo XVIII y los primeros del XIX fueron más científicos. En Francia surgió una especial predilección por el arte de la esgrima, lo que motivó la aparición de muchos maestros de armas y estimuló la ebullición de ideas sobre su práctica. Los técnicos más célebres fueron La Boessière, La Faugère, Bertrand, Prévost o Renaud.

El siglo XIX supuso la auténtica confirmación de esta actividad: se prohibieron los duelos y se instauró una normativa que prohibía la práctica de las artes de esgrima con fines que no fueran estrictamente deportivos. En 1891, el Dr. Graeme Harmond transformó la esgrima en deporte de competición en los Estados Unidos. Por su parte, el Barón Pierre de Coubertin, reorganizador de los JJ.OO. y gran esgrimista, consiguió que esta especialidad deportiva formará parte del programa de los primeros Juegos Olímpicos de la Edad Moderna, celebrados en Atenas en 1896. La esgrima fue representada por cuatro países y 13 tiradores en las modalidades de florete y sable. La espada entró en el calendario olímpico a partir de los Juegos de París 1900.

A partir de 1906 se crean las primeras federaciones de esgrima. En 1913 nace la Federación Internacional, organismo impulsor del reglamento internacional, de las grandes competiciones y de la incorporación de la mujer a este deporte. Los Juegos Olímpicos de París, en 1924, fueron la primera ocasión en que hubo categoría femenina en la modalidad de florete.

 

 

Imágenes cedidas por la Real Federación Española de Esgrima.

 

 






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