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Para precisar la fecha de nacimiento de las artes hípicas hay que remontarse al año 369 a.C, cuando el general, historiador y filósofo griego Jenofonte escribió su célebre tratado sobre la equitación. Aunque históricamente la función del caballo en la civilización ha sido de servidumbre hacia el hombre para los tiempos de guerra y las tareas de trabajo, tampoco hay que olvidar toda una serie de actividades lúdicas y deportivas que tienen a este animal como compañero perfecto: carreras, concursos de hípica, partidos de polo, etc. En todas estas modalidades, el caballo no es un mero instrumento del jinete, sino parte fundamental del binomio que concurre a cualquier competición ecuestre. Modalidades En los Juegos Olímpicos se celebran tres variantes diferentes de equitación: Salto de obstáculos. Es la especialidad mas moderna. Requiere un caballo con características idóneas para el salto (potencia, agilidad, equilibrio, tranquilidad, valor, energía...) y un jinete bien preparado físicamente y con sólida formación ecuestre (dominio del ritmo de carrera y de la batida). Además del salto en sí, también son importantes otros fundamentos básicos como la precisión y la velocidad de ejecución. La dificultad aumenta por la complicada disposición de los obstáculos y el escaso tiempo del que dispone el caballo para afrontarlos.
Prueba de los tres días. Los jinetes han de ser muy versátiles porque cada día se acomete una modalidad de equitación distinta. En jornadas sucesivas, los participantes tienen que realizar las pruebas de fondo, adiestramiento y salto de obstáculos. En este último caso, la altura a superar es bastante menor que en la disciplina individual.
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