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Niños y jóvenes sedentarios
La inactividad
física, unida a los malos hábitos nutricionales, está
provocando verdaderos estragos en la salud de los más jóvenes.
A lo largo de estos últimos años se ha podido observar
en nuestra sociedad el crecimiento exponencial experimentado por un
gran número de patologías derivadas del sedentarismo.
Entre todas ellas, la obesidad constituye una de las mayores preocupaciones.
La importancia de este trastorno en la edad infantil deriva, en gran
medida, de la elevada probabilidad de persistencia en la vida adulta
(que algunos estudios han cuantificado en un 80%) y de su capacidad
para favorecer el desarrollo de otras enfermedades como la hipertensión
arterial, la hipercolesterolemia o la diabetes de tipo II, que a su
vez, se encuentran incluidas entre los principales factores de riesgo
de enfermedad cardiovascular.
Aunque la información epidemiológica de la obesidad infantil
en España cuenta con la dificultad de la gran disparidad de criterios
utilizados por los distintos grupos de trabajo, la mayoría de
los estudios han mostrado rangos de prevalencia comprendidos entre el
10 y el 15%, los cuales sitúan a nuestro país en el cuarto
puesto del ranking Europeo de obesidad infantil, por detrás de
Italia, Malta y Grecia.
Numerosas investigaciones han demostrado que la baja condición
cardiorrespiratoria ligada al sedentarismo se relaciona con un riesgo
incrementado de enfermedad cardiovascular, habiéndose identificado
recientemente como un indicador de muerte independiente más potente
incluso que los factores de riesgo clásicos.
La actividad física regular en la infancia y en la adolescencia
constituye un elemento de vital importancia en el desarrollo humano
equilibrado, contribuyendo al mismo tiempo y de forma muy significativa
al logro de unas condiciones de salud óptimas para la vida adulta.
La competencia de estos beneficios no se circunscribe a aspectos puramente
somáticos como son el desarrollo muscular, la coordinación
o el equilibro, sino que repercute claramente en otros muchos ámbitos
de la salud. El aumento de la capacidad para tomar decisiones y favorecer
la autoestima no son más que algunos ejemplos de las múltiples
ventajas derivadas de la participación del niño en actividades
deportivas.
Sin embargo, aunque las evidencias científicas actuales permiten
recomendar la práctica del ejercicio físico para promocionar
la salud, no es infrecuente que en un intento de conseguir dichos objetivos
su realización se lleve a cabo a intensidades superiores a las
deseables. El ejercicio físico debidamente planificado y evaluado
es el único que debe ser llevado a la práctica. De lo
contrario, las consecuencias de éste sobre el organismo podrían
resultar incluso perjudiciales.
Si ésta es una consideración fundamental para la población
general, lo es aún más para determinados sectores de la
misma como los niños y adolescentes. La falta de madurez de sus
sistemas fisiológicos incrementa la susceptibilidad de sufrir
daños inducidos por un ejercicio físico mal realizado,
o en todo caso, inadecuado a las necesidades individuales. Estas particularidades
demandan una vigilancia más especial por parte del médico,
los padres o el entrenador.
Por tanto, a pesar de los reconocidos beneficios físicos, psicológicos
y sociales, derivados de la práctica deportiva escolar, disponemos
de datos estadísticos, que evidencian la importante incidencia
de lesiones deportivas en estas poblaciones.
Un estudio llevado a cabo con casi 2.000 niños, cuyos resultados
fueron publicados por la revista American Journal of Sports Medicine,
mostró un rango de incidencia de lesiones escolares comprendido
entre un 3 y un 39%, dependiendo de la edad, el sexo, los criterios
de clasificación utilizados para la participación deportiva
por grupos y la categoría de la actividad realizada (clases de
educación física, participación en deportes organizados
y práctica en actividades deportivas eventuales fuera del contexto
escolar). Numerosas investigaciones han puesto de manifiesto que el
nivel de supervisión durante la práctica deportiva determina
la incidencia de lesiones entre los jóvenes. En Estados Unidos,
por ejemplo, se han evidenciado diferencias de hasta un 15% en la incidencia
de patologías de esta naturaleza al comparar las cifras correspondientes
a deportes organizados (25%), frente a las de actividades no organizadas
(40%).
Aunque la mayoría de las lesiones relacionadas con el deporte
escolar se consideran de carácter leve, un trabajo reciente las
ha identificado como la principal causa de absentismo escolar evitable.
Existen evidencias de que hasta un 19% de las lesiones relacionadas
con el deporte requieren más de una consulta médica y
que la cifra de patologías, tales como concusiones o fracturas,
puede llegar a alcanzar valores de hasta un 3,8%. Un estudio realizado
en Francia situó en un 34% el porcentaje de lesiones pediátricas
de esta naturaleza que requería al menos una consulta de revisión
médica posterior. En un 7,5% de niños se precisaban tres
o más visitas médicas.
La educación médico-deportiva a los tutores del joven
constituye una de las cuestiones de mayor interés a la hora de
prevenir muchos de los problemas asociados a la práctica del
ejercicio durante estas etapas de la vida. No son infrecuentes las situaciones
en las que padres y/o entrenadores restringen severamente al niño
la ejecución de una actividad física normal. En otros
casos, por el contrario, son ellos también los que promueven
de forma desmesurada la participación de los niños en
actividades deportivas intensas, habitualmente con fines competitivos.
Se trata de dos posiciones extremas que, indudablemente, perjudican
el correcto desarrollo físico e intelectual del joven en crecimiento.
El objetivo prioritario de los responsables del deporte escolar debe
centrarse, esencialmente, en la consecución de una participación
aceptable a todos los niveles, proporcionando facilidades a los jóvenes
menos dotados con el fin de mantener el interés por una actividad
que se considera parte de su formación escolar y soporte de un
estilo de vida saludable para el futuro.
Con el fin de minimizar el porcentaje de lesiones asociadas a la práctica
deportiva escolar es preciso que antes de iniciar cualquier tipo de
actividad física se lleve a cabo un examen riguroso de las condiciones
de salud de cada sujeto y de sus aptitudes físicas. El sentido
común y la experiencia del médico son los mejores criterios
para prescribir el ejercicio físico más adecuado en cada
caso y para enfatizar aquellos aspectos o recomendaciones de mayor relevancia
para la salud del joven deportista.
Extracto del trabajo "Consideraciones generales de la realización
de ejercicio físico en niños y adolescentes. Consecuencias
de la mala práctica deportiva".
Dres. M.C. Vargas, C. de Teresa, I. Vargas, F. Pradas y D. Segura.
Centro Andaluz de Medicina del Deporte. Hospital San Juan de Dios (Granada)
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