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Según un estudio publicado en la prestigiosa revista on-line PLoS Medicine, la pérdida intencionada de peso puede traer consigo cierto riesgo de muerte prematura a largo plazo. Los autores del trabajo, pertenecientes a varias instituciones sanitarias de Finlandia y Dinamarca, tomaron una muestra integrada por personas que experimentaron altas fluctuaciones en la báscula y otras que se mantuvieron constantes aunque su peso no fuera el ideal. Las conclusiones del estudio admiten que la reducción de algunos kilos en pacientes obesos o con sobrepeso mejora notablemente sus marcadores de riesgo cardiovascular, pero, lo más significativo de los resultados es la demostración de que tratar de adelgazar a toda costa puede no ser la mejor alternativa en otros casos. Esta prueba experimental ha confirmado que, en ocasiones, es preferible mantenerse en un término equilibrado que aplicarse bruscas variaciones de peso constantemente. Los especialistas han observado que este efecto negativo del adelgazamiento está asociado a la restricción voluntaria y sin control del aporte calórico, lo que termina traduciéndose en una pérdida de tejido magro y no de grasa corporal. La mejor noticia es que entre los participantes que perdieron peso mediante un régimen controlado por su médico y ayudándose de un programa de ejercicio no se percibió ningún aumento de la mortalidad. Si quiere leer el texto completo, pinche aquí. Esta última idea se refuerza con el estudio elaborado por la Facultad de Educación de la Salud y de la Actividad Física de la Universidad de Queen (Canadá), que revela que para huir de la obesidad es básico evitar el sedentarismo y practicar algo de ejercicio. La investigación, llevada a cabo con más de 160.000 jóvenes de entre 11 y 15 años de 34 países de Norteamérica y Europa, confirma la peligrosa tendencia del mundo occidental a restringir progresivamente las tareas que requieren movimiento en favor de otras más estáticas. El ocio al aire libre, los paseos y las caminatas hasta el trabajo o al centro escolar están dejando paso a otras actividades menos activas como el consumo de televisión, internet o los videojuegos. Los segmentos de población que más se ajustan a estos comportamientos son, precisamente, los que presentan tasas más altas de obesidad. Curiosamente, el tipo de dieta no se reveló como un factor tan decisivo para aumentar la incidencia de sobrepeso y obesidad como el hecho de no moverse. Los autores del trabajo reconocen que “el hecho de asociar los mismos factores en todos los países y culturas valoradas demuestra la solidez de las conclusiones que hemos obtenido en este estudio”, y apuestan por el ejercicio físico como “pilar fundamental de las campañas destinadas a paliar la epidemia de obesidad que estamos viviendo”. |
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