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Ejercicio, mujer y osteoporosis
Aunque
el paso de los años produce una disminución progresiva
de la funcionalidad del aparato locomotor, muchos de los efectos achacados
al envejecimiento parecen ser provocados realmente por la falta de actividad
debida al sedentarismo. El reposo continuado provoca atrofia muscular
y una disminución de la masa ósea.
La menopausia es el periodo en la vida de la mujer que viene definido
por el cese de la regla o menstruación. Dicho periodo se produce
naturalmente entre los 45 y 55 años. La deficiencia de hormonas
femeninas (deficiencia estrogénica) que se da durante la menopausia
es uno de los factores determinantes del desarrollo de la osteoporosis.
Esta enfermedad puede definirse como una pérdida de la masa ósea,
que transforma al hueso en un elemento más poroso y frágil,
aumentando el riesgo de fracturas. El estilo de vida sedentario ha hecho
que la osteoporosis se convierta actualmente en una de las enfermedades
más importantes en las mujeres de la población occidental.
El tratamiento de esta enfermedad incluye la suplementación hormonal,
una dieta equilibrada y rica en calcio, y la práctica regular
de ejercicio físico, dado que la tensión generada por
los músculos y tendones sobre el hueso durante el esfuerzo favorece
del depósito de calcio y la formación de matriz ósea
en los huesos afectados (principalmente la columna vertebral y los huesos
de la cadera). Una vida físicamente activa es uno de los mecanismos
más útiles para prevenir esta enfermedad, considerada
como una auténtica epidemia silenciosa del nuevo milenio, dada
su falta de síntomas.
Para alcanzar los beneficios potenciales de la práctica regular
del ejercicio físico en estas pacientes es conveniente seguir
algunas recomendaciones que ayuden a motivar suficientemente a los practicantes
y que eviten riesgos de lesiones, como por ejemplo las fracturas óseas:
*.- El ejercicio siempre debe comenzar con un calentamiento progresivo
con ejercicios de movilización articular y estiramientos suaves.
*.- El ejercicio aeróbico debe alternarse con otros suaves de
resistencia muscular. En este sentido, ejercicios como el caminar, combinan
los efectos de un ejercicio cardiosaludable y estimulante del desarrollo
de la musculatura de la espalda.
*.- La intensidad del ejercicio debe proporcionar una sensación
de esfuerzo agradable, y nunca fatigante.
*.- Se deben realizar específicamente ejercicios para combatir
las molestias de espalda, para lo cual la natación puede ser
un buen complemento.
*.- Es conveniente hacer ejercicios que mejoren la flexibilidad de las
articulaciones y la elasticidad muscular, aumentando la coordinación
y el equilibrio para prevenir las caídas.
*.- Se deben evitar los saltos, los giros bruscos de la columna, y cualquier
movimiento que suponga una aceleración rápida, así
como los que obliguen a flexionar el tronco hacia delante.
*.- En estos pacientes están contraindicados los deportes de
contacto, los que tengan riesgos de caídas e incluso aquellos
que impliquen transmisión de vibraciones (bicicleta en zona de
baches).
*.- La frecuencia y duración del ejercicio deben ser adaptadas
a cada persona, pero en general se aconseja realizar ejercicio por lo
menos tres veces en semana, con una duración no inferior a 30
minutos.
*.- También la elección del calzado es muy importante,
ya que éste puede prevenir sobrecargas óseas y además
dar mayor estabilidad para evitar las caídas (suelas antideslizantes,
calzado ancho y estable, etc.).
*.- La superficie de la zona deportiva debe ser suficientemente flexible
para amortiguar las presiones, siendo más recomendable las de
tipo parquet a cualquier otra superficie que sea más rígida.
*.- Al finalizar las sesiones se aconseja realizar un enfriamiento progresivo.
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