|
El entrenador infantil
La
principal responsabilidad de los monitores y entrenadores de niños
y adolescentes es formar y dirigir. Por su condición de profesores
cuentan con gran capacidad de influencia sobre la formación como
personas de los integrantes de su equipo. Asimismo, la coordinación
de un grupo con honestidad y credibilidad les hará ganarse el
respeto y la confianza de sus alumnos.
· Los objetivos deben estar programados e ir evolucionando poco
a poco. Tienen que ser asequibles y comunes para todos los jugadores,
ya que en edades tan tempranas no es momento de individualizar. El entrenador
debe recordar que su objetivo principal es que los niños mejoren
cada día un poco en su actividad, pero sin dejar de divertirse.
· En las primeras sesiones, el entrenador debe ayudar a los
niños a iniciarse en la actividad deportiva. Tiene que explicar
las cosas de manera sencilla, clara y directa.
· Es recomendable establecer unas normas elementales para los
entrenamientos y las competiciones: seriedad, puntualidad, uniformidad,
etc. La idea no es imponer un régimen estricto de obligaciones,
sino estimular la igualdad y el respeto entre todos los integrantes
del grupo.
· El entrenador no debe limitarse a impartir conocimientos técnicos
y tácticos a sus jugadores. También ha de estimular los
valores positivos del deporte: la superación, la tolerancia,
el esfuerzo, el sacrificio, la ilusión, el compañerismo,
etc.
· Los partidos y las competiciones son para divertirse. Hay
que inculcar en todos los componentes del equipo la prioridad de respetar
al contrario, a los árbitros y a los compañeros. En edades
de formación, perder o ganar tiene un carácter secundario.
Lo importante es terminar el partido con la sensación de haber
mejorado.
· Padres, entrenadores, monitores y profesores deben caminar
en la misma dirección. Si los mensajes que reciben los niños
son contradictorios, corremos el riesgo de que se cansen del deporte
y opten por otras alternativas menos saludables.
· La práctica deportiva en edades tempranas trae consigo
la realización de pequeños sacrificios por parte de toda
la familia: madrugar los fines de semana, suspender otras actividades
de ocio, etc. Aunque no sea necesario, tenga en cuenta que a los niños
les encanta que sus padres vayan a verlos jugar.
|