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El ejercicio en los discapacitados (II)
-. Discapacitados
físicos
El origen del deporte para discapacitados se sitúa en 1944, durante
la II Guerra Mundial, cuando se creó un hospital para lesionados
medulares en Inglaterra. En aquel momento se introdujeron las actividades
deportivas para entrenar al cuerpo y para evitar la falta de actividades
y alicientes de la vida hospitalaria. Desde entonces, su evolución
ha sido constante en todo el mundo y ya no se limita a los lesionados
medulares. Porque, además de rehabilitar a las personas con minusvalías
físicas, constituye una fuente de salud y de posibilidades de
ocio, permite al individuo superarse a sí mismo y ofrece una
oportunidad de integración y normalización social.
En el momento de iniciar una actividad física o deportiva hay
que tener en cuenta los distintos tipos de discapacidad y sus grados.
Las discapacidades se clasifican de forma estandarizada y se tienen
en cuenta las secuelas en el aparato motor. Hay una gran variedad de
actividades que pueden ser practicadas por discapacitados físicos;
desde los deportes convencionales a los adaptados a sus especiales necesidades
hasta aquellos creados específicamente para ellos. Los más
practicados son el baloncesto, tenis y esgrima en silla de ruedas, deportes
de invierno (esquí alpino y de fondo), halterofilia, natación
y voleibol, tenis de mesa, tiro con arco y tiro olímpico (de
pie y en silla de ruedas).
Además de tener en cuenta las lesiones comunes que puede provocar
el deporte practicado, es necesario conocer determinados aspectos médicos
de las personas discapacitadas para adoptar las medidas preventivas
y evitar riesgos innecesarios.
Particularidades de los deportistas con lesión medular.
o Trastorno en la regulación de la temperatura corporal (el cuerpo
asume la temperatura ambiental y, por tanto, es arriesgada una exposición
al calor o frío intensos).
o Una disfunción cardiovascular que provoca un aumento de la
frecuencia cardiaca y una disminución de la tensión arterial.
o Propensión a la aparición de úlceras o escaras
producidas por el roce y dificultad de cicatrización (lo que
aumenta el riesgo de infección).
o Dificultad en el control de los esfínteres necesitando, en
algunos casos, el uso de pañales o colectores de orina que favorecen
el riesgo de infección.
o Ataques, espasmos musculares, osteoporosis, etc.
Particularidades de los deportistas con otras minusvalías.
o Alteraciones de la columna vertebral secundarias a la lesión
(polio, amputados..).
oAlteración de la circulación periférica, osteoporosis,
etc.
Precauciones a tener en cuenta
Las medidas preventivas generales a tener en cuenta por los deportistas
con alguna discapacidad física son:
-. Realizar un reconocimiento médico-deportivo inicial y de forma
periódica que compruebe que las secuelas de la discapacidad están
estabilizadas y no hay complicaciones.
-. El ejercicio debe estar dirigido y supervisado por profesionales
(que programen correctamente el trabajo físico a realizar, dosifiquen
correctamente las cargas del entrenamiento y los tiempos de recuperación).
-. Evitar exposiciones a temperaturas extremas.
-. Utilizar una ropa adecuada de material ligero, que no se ciña
y permita disipar el calor.
-. Ingerir de forma regular agua fría antes, durante y después
de la actividad.
-. Refrescarse tras el ejercicio con agua fresca.
-. Realizar una dieta adecuada y mantener el peso.
-. Utilizar sillas de ruedas adaptadas (más ligeras, sin freno,
con los radios protegidos, etc.).
-. Emplear, si es necesario, cojines especiales para evitar las zonas
de mayor presión.
-. Los parapléjicos deben permanecer en pie al menos media hora
al día mediante aparatos especiales (lo que permite prevenir
osteoporosis) y efectuar movimientos pasivos de las articulaciones que
no funcionan (previene la aparición de espasmos musculares).
-. Consultar al médico ante cualquier problema o anomalía
observada ya que facilitará un diagnóstico y tratamiento
precoz.
-. No se automedique. Se pueden producir interacciones farmacológicas
si se usa alguna medicación de forma crónica.
A pesar de adoptar estas recomendaciones, existen determinadas lesiones
sin un origen preestablecido. Las más frecuentes son las lesiones
por sobrecarga -tendinitis en la musculatura del hombro y del antebrazo-
y las agudas -contusiones costales y en dedos, fracturas (será
importante vigilar a los parapléjicos debido a la ausencia de
dolor en miembros inferiores)-.
En resumen, los discapacitados que realicen una actividad física
o deportiva de forma correcta conseguirán mejorar sus funciones
vitales, aumentar la densidad osea, prevenir la obesidad, agilizar la
motricidad y la respuesta vo- luntaria, facilitar el tratamiento de
las alteraciones articulares, musculares, neurológicas y vasomotoras,
incrementar la fuerza y la resistencia y mejorar la flexibilidad y destreza
y, por tanto, el rendimiento motor.
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