El ejercicio en los discapacitados (I)


La actividad física, cuando se adapta a las necesidades y posibilidades de cada individuo, es fuente de salud y equilibrio. La actividad física da al individuo oportunidad de conocerse, expresarse y superarse y le permite ser disciplinado y aumentar su rendimiento. Le libera de ciertas limitaciones físicas y, así, le revela una libertad que, en otros campos, rara vez experimenta. La universalidad se siente en el deporte como enemiga de cualquier forma de discriminación.

-. Los discapacitados visuales

La ceguera se define como la pérdida total de visión (aunque incluye la percepción de luz sin proyección) y la deficiencia visual, como cualquier pérdida visual del sujeto (existen diferentes gradaciones). Para que estas personas se incorporen a la actividad física, necesitan superar dos clases de obstáculos:

A nivel personal. El ejercicio exige un sacrificio individual que, en estos casos, es claramente mayor. No obstante, hoy en día, una persona con deficiencia visual puede hacer deporte y potenciar tanto su salud (ya que se vence la tendencia al sedentarismo de este colectivo) como su integración social. Lógicamente, según el grado de deficiencia visual y el tipo de actividad que se quiera practicar, se necesitarán una serie de adaptaciones personales y del entorno:
o Para las carreras a pie, la compañía de un guía (unidos o no mediante una cuerda).
o Para el esquí, la presencia de un monitor que les preceda y guía el descenso mediante señales acústicas (en el caso de ciegos totales).
o Para ciclismo en tandem, un guía vidente.
o Para saltos atléticos, se usan señales acústicas (palmadas, megáfonos, etc), que les orientan...

A nivel social. Es fundamental que, al diseñar las instalaciones deportivas, se valore la presencia de usuarios con distintas discapacidades que tienen derecho a disfrutar de ellas.

A nivel psicológico. El deporte desencadena en el discapacitado una mejoría en su sentido de sociabilidad, al tiempo que aprende a conocer no sólo sus limitaciones, sino sus posibilidades en esa y en otras áreas.

A nivel fisiológico. El esfuerzo continuado facilita diversos grados de mejoría, especialmente de los sistemas nervioso, musculoesquelético y cardiorespiratorio. Si tenemos en cuenta, además, que un discapacitado suele ser sedentario, es evidente la mejora de sus capacidades para realizar las tareas laborales y caseras cotidianas.
La realización de una actividad física reglada, salvadas las características propias de la discapacidad visual, no tiene porqué diferir en nada de la de una persona vidente.



 









 
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