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Hasta el momento, la mayor parte de los datos epidemiológicos y experimentales apuntaban hacia la idea de que el ejercicio físico contribuía a prevenir y ralentizar el deterioro cognitivo. Sin embargo, los resultados no podían tomarse como concluyentes porque el período de seguimiento era muy breve. Y en esto consisteprecisamente la novedad del trabajo del Instituto Karolinska, ya que los especialistas seleccionaron un grupo de 1.449 individuos de entre los 65 y 79 años, que habían participado en otros estudios, y que proporcionaron datos sobre la actividad física realizada en su tiempo libre durante los años 1972, 1977, 1982 y 1987. Los investigadores procedieron a examinar nuevamente a estas personas en 1998 y comprobaron que aquellos que habían practicado algún tipo de ejercicio físico al menos dos veces a la semana presentaban un 60 por ciento menos de posibilidades de desarrollar Alzheimer en comparación con los que tenían una vida sedentaria. El informe del Instituto Karolinska afirma con rotundidad que la población joven y de mediana edad con hábitos sedentarios tiene un 50 por ciento más de posibilidades de padecer demencia que los que se mantienen activos. Las explicación tiene que ver con ciertos factores de riesgo vascular como la hipercolesterolemia, la hipertensión, la diabetes y el sobrepeso. Según el estudio, la actividad física afecta, además, a la transcripción de ciertos genes importantes para al correcto mantenimiento de las funciones cognitivas. Si quiere leer el estudio completo, pinche aquí.
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