Natación: Beneficios para el corazón
del niño
En nuestra sociedad occidental y en ambientes urbanos, la mayoría
de los niños y adolescentes realizan menos actividad física
de la deseable, debido al uso del transporte mecanizado e introducción
de nuevas tecnologías y vídeo-juegos (que implican hábitos
sedentarios). A esto se une el consumo de alimentos atractivos a la
vista pero de dudoso aporte nutricional y con gran cantidad de grasas,
que dan lugar a que cada vez haya más niños obesos e inactivos.
Esta inactividad en niños y adolescentes facilita el desarrollo
de obesidad, enfermedades y diabetes en el adulto. El sedentarismo,
por sí mismo, es un factor de riesgo importante que conviene
contrarrestar realizando ejercicio físico desde edades tempranas,
de acuerdo al nivel de habilidad o destreza individual y a modo de juego
para que le resulte divertido al niño. El medio acuático
es el espacio físico más completo que existe para el desarrollo
de las aptitudes físicas, psíquicas y neurológicas;
en él se puede practicar la natación, incluso desde los
primeros meses de vida, estimulando el reflejo glótico e iniciándose
en el aprendizaje a los 3 años. El niño sano ya es físicamente
activo con sus juegos, pero necesita el apoyo familiar para que pueda
mantener su actividad y desarrollar un hábito deportivo en la
infancia y adolescencia.
En la natación se plantean diferentes objetivos dependiendo de
la etapa evolutiva del niño. Así, en las niñas
hasta los 9 años y niños hasta los 10-11 años,
la natación será recreativa: les enseñará
a moverse, dominar el medio acuático y a desarrollar la psicomotricidad
(equilibrio, tono, lateralidad, etc.) a partir de juegos en el agua.
Se beneficiarán del estímulo psicomotor los niños
con problemas neurológicos y parálisis cerebral infantil,
ya que el medio acuático a 28 grados de temperatura hace que
los músculos y el sistema nervioso pasen del estado de tensión
al de relajación, produciéndoles mayor seguridad y placer.
La natación de competición se inicia a partir de los 9
años, en niñas, y 10-11 en niños; se les instruye
en la técnica correcta de nado y comienzan a mantener una regularidad
en los entrenamientos. El trabajo deportivo deberá adaptarse
siempre a la maduración física y psicológica del
niño y adolescente. También les desarrolla actitudes de
socialización, al realizar actividades en contacto con otros
niños o en grupo, lo que se reflejará en una mejor adaptación
en el medio social.
La natación es un deporte muy completo: involucra todos los grupos
musculares y mejora un gran número de cualidades de la condición
física, como la capacidad de ejercicio (condición aeróbica),
flexibilidad, coordinación, agilidad, velocidad y fuerza muscular.
En los niños y adolescentes, la natación como ejercicio
fundamentalmente aeróbico y realizado de manera regular
provoca no sólo un disfrute activo del ocio, sino una reducción
de los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular siguiendo un
patrón similar al de los adultos:
Un mayor control del peso corporal, lo que previene la obesidad
en niños (y el 80 por ciento de niños obesos lo serán
también de adultos).
Ayuda a mantener unas cifras de tensión arterial más
bajas.
Baja la concentración de colesterol en sangre: reduce
el desarrollo de la arteriosclerosis desde la infancia.
Disminuye los niveles de glucosa en sangre debido a que el ejercicio
aeróbico produce una mayor sensibilidad a la insulina. Por ello,
reduce las necesidades de insulina en niños diabéticos.
Mejora del bienestar psicológico y maduración afectiva.
Contribuye a aumentar cualitativamente la capacidad de esfuerzo
físico en niños, condicionando una mejor respuesta cardiovascular.
Un grupo de expertos ha acordado la redacción de dos únicas
recomendaciones sobre la necesidad de realizar actividad física
en la infancia y adolescencia: «Todos los niños y adolescentes
deberían ser físicamente activos a diario, o casi a diario,
como parte de juegos, deportes, medio de transporte, ocio, educación
física, o ejercicio programado en el contexto de la familia,
la escuela o la comunidad. Deben participar al menos en 3 sesiones semanales
de actividades, con una duración igual o superior a 30 minutos
y que requieran un nivel de esfuerzo entre moderado y vigoroso».
Se trata de inculcar a los niños y adolescentes la adopción
de hábitos saludables, que previenen enfermedades cardiovasculares
en su edad adulta y mejoran su calidad de vida en el futuro.
|