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Pólipos del intestino grueso (colon y recto) |
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¿Qué es un pólipo del intestino grueso?
Es un crecimiento tumoral benigno (no-canceroso) de la
superficie interna del intestino grueso (colon y recto). Puede tener un
diámetro variable de entre 2 mm a 5 cm o más.
Habitualmente su aspecto es el de un guisante unido al resto del
intestino por un tallo de células normales. El tipo de células que forman el
pólipo determina la probabilidad de que se convierta en un
cáncer.
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Tipos de pólipos
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Pólipos metaplásicos y adenomatosos
El tipo más común de pólipo es el metaplásico (las células han
cambiado de un tipo a otro pero son normales). Normalmente no superan los 5 mm
de diámetro y el riesgo de convertirse en malignos (cáncer) es despreciable. La
apariencia de estos pólipos es muy similar a la de los pólipos adenomatosos, el
siguiente tipo más frecuente, que sí tienen riesgo de convertirse en malignos.
El 50% de los sujetos mayores de 60 años tienen al menos un pólipo adenomatoso
de más de un centímetro de diámetro en su colon.
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Hay otros tipos más raros de pólipos como:
Pólipos juveniles:
son lesiones solitarias
denominadas hamartomas y que afectan al 1-2% de los niños mayores y de los
adolescentes. Un pólipo aislado carece de riesgo, pero si son hereditarios y
múltiples (alrededor de un tercio de los casos), el riesgo de desarrollar un
cáncer de colon es del 10%. En este caso es preciso realizar un seguimiento
tras la extirpación de las lesiones.
Poliposis cólica
familiar
(poliposis familiar adenomatosa):
supone la existencia de cientos de pólipos en el intestino grueso y la
aparición de cáncer de colon a edad temprana si no se extirpa
preventivamente.
Pólipos del síndrome de Peutz-Jeghers:
asociados a la aparición de manchas de color café con leche en los labios. Son
pólipos de un tipo especial llamado hamartomatoso, con riesgo, aunque bajo, de
aparición de cáncer. Aproximadamente éste equivale a un 5% por pólipo, lo que
indica la necesidad de su extirpación antes de su malignidad. El número de
pólipos puede variar entre 1 ó 2 y más de 20. Las lesiones también pueden
encontrarse en el intestino delgado, lo que las hace más difíciles de
diagnosticar, ya que no son accesibles a la exploración con endoscopios de
fibra óptica convencionales. Los pólipos de intestino delgado pueden ocasionar
síntomas de obstrucción intestinal (bloqueo del paso por el intestino) o dolor
abdominal. Para diagnosticarlos hay que recurrir a las
radiografías con
contraste (bario) ingerido previamente por boca. El tratamiento suele ser
quirúrgico y consiste en la extirpación de la porción de intestino grueso donde
esta el pólipo.
Pólipos inflamatorios:
Surgen como
complicación de la enfermedad inflamatoria intestinal crónica (colitis ulcerosa y
enfermedad de Crohn)
con afectación del colon. Son totalmente inocuos aunque a veces se pueden
confundir con los pólipos adenomatosos.
Síndrome de Cronkhite-Canada:
Se trata de una
enfermedad muy rara, que se caracteriza por la aparición de pólipos en el
colon, hiperpigmentación de la piel y atrofia de las uñas. Aparece en
individuos de mediana edad y no es hereditaria. Se ha vinculado con una
alteración de la absorción intestinal y parece responder al tratamiento con
vitamina
E.
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¿Qué causa los pólipos?
La mayoría de los pólipos, con la excepción de los pseudopólipos
inflamatorios, tienen como causa una mutación genética (modificación del ADN)
en las células de la mucosa intestinal (capa de tejido que recubre el interior
del intestino). Para que estas células deriven en un cáncer han de producirse
probablemente unas 5 mutaciones. Los pólipos benignos sólo suelen presentar
una. Lo cierto es que las modificaciones del ADN ocurren con gran frecuencia.
Incluso en sujetos sanos, un 10% de las células de la mucosa presentan
alteraciones importantes de los cromosomas. En la mayoría de los casos estas
células alteradas sufren una especie de "muerte programada" denominada
apoptosis y se eliminan con las heces.
Los pólipos adenomatosos, incluso en sujetos que no tienen una
poliposis familiar, sufren mutaciones en las dos copias (una de origen materno
y otra paterno) del gen de la poliposis cólica adenomatosa. Cuando todas las
células de un individuo presentan una alteración de las dos copias aparece la
poliposis adenomatosa familiar.
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¿Qué síntomas producen?
Normalmente no causan manifestaciones hasta alcanzar más de 2 cm
de diámetro. En este momento, el signo más frecuente es la aparición de sangre
por el recto. Si la lesión es lo suficientemente grande, por ejemplo 2 cm,
puede producir cierto grado de obstrucción del colon, lo que hace que éste se
contraiga inútilmente para expulsarlo (peristaltismo) y ello da lugar a dolor
cólico (retortijones). Algunos pólipos, denominados vellosos por su apariencia,
inducen una
diarrea acuosa que
puede ocasionar perdida de fuerza muscular al eliminar muchas cantidades de
potasio con las heces.
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¿Cómo se diagnostican?
Lo más frecuente es que se observen directamente durante una
colonoscopia. Los
endoscopistas con mucha experiencia pueden diferenciar entre pólipos
metaplásicos y adenomatosos exclusivamente por observar su aspecto. Sin
embargo, la confirmación debe ser realizada mediante el estudio al microscopio
de piezas de
biopsia (pequeños
fragmentos de tejido) o del pólipo completo. En este caso, el estudio
microscópico (anatomo-patológico) podrá verificar el estado evolutivo del
pólipo y, si el cáncer se ha producido, su extensión.
En ocasiones se pueden encontrar pólipos asintomáticos mediante
un enema de bario (estudio radiológico con contraste introducido por el recto
mediante una cánula) en pacientes que presentan alteraciones de la función
intestinal (colon irritable).
También pueden verse durante la realización de una colonoscopia o
sigmoidoscopia en un
programa de diagnóstico precoz.
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¿Cuál es el tratamiento?
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Polipectomía
La mayoría de los pólipos pueden ser extirpados en el momento
de la colonoscopia y con el paciente sedado. Para ello se introduce un asa de
alambre especial a través de un conducto del colonoscopio. El lazo del asa se
aprieta alrededor del tallo del pólipo y se quema mediante la aplicación de una
corriente eléctrica (electrocoagulación). Con ello se consiguen coagular los
vasos sanguíneos que atraviesan el tallo del pólipo. El procedimiento es
indoloro, porque las fibras nerviosas del colon sólo responden al estiramiento.
Una vez extirpado es enviado al laboratorio de anatomía patológica para su
estudio microscópico. Aunque es un método seguro, hay un cierto riesgo de
perforación de la pared del intestino, lo que ocurre en una de cada 300
polipectomías, y sangrado en una de cada 100 polipectomías. El sangrado
normalmente cede espontáneamente y sólo en raras ocasiones requiere de
transfusiones sanguíneas por haberse producido una pérdida excesiva de sangre.
En la mayoría de los casos la perforación requiere la intervención quirúrgica
para cerrar el orificio en la pared del intestino, aunque en algunos casos
puede no ser necesaria.
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Cirugía
Cuando el pólipo es demasiado grande para ser extirpado
mediante endoscopia, como ocurre en pólipos con diámetro superior a 4 cm o no
tienen un tallo bien delimitado y su base es ancha, la cirugía es la única
opción pues la endoscopia tiene gran riesgo de producir complicaciones como
sangrado, perforación o resección incompleta. Estos pólipos además tienen el
mayor riesgo de contener células malignizadas. La operación consiste en la
apertura del abdomen, la extirpación del segmento de intestino que contiene el
pólipo y la reconexión (anastomosis) de los dos extremos cortados. Algunos
pólipos de gran tamaño localizados en el recto pueden ser resecados a través
del ano sin necesidad de abrir la cavidad abdominal.
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¿Cuál es el seguimiento tras la polipectomía?
Cuando un pólipo ha sido completamente extirpado no hay riesgo
de que vuelva a aparecer. Sin embargo, algunos sujetos tienen tendencia a
desarrollar nuevas lesiones, por lo que pueden aparecer otros nuevos tras la
polipectomía. Cuando un individuo tiene más de 4 pólipos o uno de más de 1
centímetro de diámetro o un pólipo con células anómalas (vistas en el examen
microscópico, con signos de displasia celular), el riesgo de aparición de
nuevos pólipos y de cáncer obliga a realizar colonoscopias de seguimiento, de
manera repetida, para su diagnóstico precoz. No hay unanimidad sobre la
periodicidad de estas colonoscopias, pero en general se acepta su repetición
cada 5 o 6 años.
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¿Se pueden prevenir la aparición de pólipos?
Aunque se ha defendido que los cambios en la dieta pueden
prevenir la aparición de los pólipos del colon, no se ha demostrado hasta el
momento su efectividad. Solamente algunos medicamentos (antinflamatorios) como
el sulindac, que inhiben una enzima (proteína que acelera las reacciones
químicas) denominada ciclooxigenasa, son útiles para disminuir el desarrollo de
pólipos. Ahora bien, estos medicamentos reducen el número de pólipos que se
desarrollan, pero no corrigen su tendencia a reaparecer. Así que si los pólipos
son múltiples o muy grandes, la administración de sulindac no es suficiente
para descartar la realización de colonoscopias de seguimiento.
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¿Cuál es el pronóstico?
Pólipos metaplásicos:
no tienen riesgo
significativo de degenerar en un cáncer. Incluso si no se extirpan, raramente
causan problemas. Únicamente la aparición de muchos pólipos metaplásicos (más
de 50) puede asociarse a un leve aumento del riesgo de cáncer.
Pólipos adenomatosos:
todos los pólipos
adenomatosos pueden convertirse en un cáncer, aunque el riesgo de un solo
pólipo es muy bajo incluso si no se extirpa. A la edad de 60 años, el 50% de la
población presenta uno o más pólipos de este tipo y sin embargo sólo el 6%
desarrollará un cáncer. La extirpación (polipectomía) asegura que no haya
riesgo de malignización de un pólipo adenomatoso. Pero si se produjo, el
procedimiento puede ser suficiente para curar al paciente siempre que las
células no se hayan extendido más allá del tallo. Ahora bien, esto no garantiza
que no aparezcan otras lesiones. El riesgo de reaparición (recidiva) es mayor
si cualquiera de los pólipos identificados tenía más de 1cm de diámetro, si el
paciente presentaba 4 o más o si alguno tenía cambios precancerosos en el
estudio microscópico (displasia grave). Por ello, en estos casos se precisa
realizar colonoscopias de seguimiento.
Poliposis familiar adenomatosa:
el diagnóstico
de poliposis familiar adenomatosa debe considerarse si se observan más de un
centenar de pólipos adenomatosos. Excepto que se realice una colectomía
(extirpación preventiva del colon) o una proctocolectomía (extirpación del
colon y del recto) de manera profiláctica, la aparición de un cáncer de colon
es prácticamente segura.
Los pólipos juveniles:
si son únicos y se
extirpan completamente no se asocian con un mayor riesgo de desarrollar cáncer.
Si son múltiples pueden indicar la existencia de un síndrome de poliposis
familiar juvenil, el cual sí aumenta el riesgo de padecer un cáncer de colon
(aproximadamente un 10%), pero también de
estómago y duodeno.
Por ello es necesario realizar estudios de diagnóstico precoz. Éstos consisten
en un análisis de las heces para la determinación de sangre oculta en las
mismas (sangre no visible) todos los años y una sigmoidoscopia cada 3-5
años.
El síndrome de Peutz-Jeghers:
se asocia a un
mayor riesgo de cáncer de colon y de intestino delgado. Sin embargo, no hay
acuerdo sobre su cuantificación. Parece que el 50% de los pacientes desarrollan
un cáncer si no se hace un seguimiento cuidadoso. Con la mayor disponibilidad
de estudios endoscópicos es probable que disminuya la incidencia de cáncer en
estos pacientes gracias al tratamiento precoz de los pólipos.
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Grupos de apoyo
Asociación Española contra el Cáncer:
http://www.aecc.es
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Ultima revision: 2003-09-01
Escrito por:
Dr.
Jonathan
Rhodes,
especialista en Gastroenterología
Revisado por:
Dr.
Julio
Mayol Martínez,
especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo
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