El riesgo de contraer cáncer es por lo general mayor para fumadores que para no fumadores en una proporción de 2,24. Esto es particularmente cierto en el caso del cáncer de pulmón,
cáncer de garganta y cáncer de boca, que casi nunca afectan a no fumadores.
Si el tabaco desapareciese se produciría al menos un 40% de reducción en la incidencia general de cáncer.
Algunos tipos de cáncer son muy particularmente favorecidos por el tabaco como el
cáncer de pulmón, labio,
lengua, mucosa de la boca, faringe,
laringe, y
vejiga. El 85% de todos los casos de cáncer de pulmón se relacionan con el tabaco, y un fumador tiene 12 veces más probabilidades de desarrollar un cáncer de pulmón que un no fumador. Si un fumador lo deja, le llevará aproximadamente 15 años antes de que su riesgo de padecer un cáncer de pulmón se iguale con el de un no fumador. Sin embargo siempre existe un beneficio claro por dejar de fumar ya desde el primer día.
Hay otros tipos de cáncer que son también más frecuentes entre fumadores que no fumadores.
Éstos son:
El 94,5% de los fumadores de un paquete diario tiene enfisema si se examinan los pulmones tras su muerte, y más del 90% de los no fumadores tienen poco o no tienen nada. El pulmón enfermo del fumador (EPOC, enfermedad pulmonar obstructiva crónica) comienza típicamente cuando la persona tiene entre 35-45 años de edad. A esa edad, la función pulmonar comienza a decaer incluso en no fumadores. En los fumadores más vulnerables al efecto nocivo del tabaco, la tasa de pérdida de la función pulmonar puede ser tres veces superior a la habitual.
A medida que decae la función pulmonar, comienza la falta de aire con el ejercicio. Al principio, el pulmón del fumador sólo ocasiona tos y expectoración, que son los síntomas típicos de la
bronquitis. A medida que progresa el cuadro, la persona siente la falta de aire al subir escaleras, al ascender por una cuesta o incluso al caminar. Los problemas severos a corto plazo precisarán muchas veces frecuentes períodos de hospitalización. La última etapa es una muerte muy angustiosa debida a la irremisible y progresivamente mayor insuficiencia respiratoria. Demasiada gente muere cada año a causa de esta enfermedad que, en el ochenta por ciento de los casos, es causada por el tabaco.
Dejar de fumar en cualquier momento reduce las tasas de deterioro de la capacidad pulmonar y pospone la incapacidad e invalidez. Las medidas contra el tabaco son muy importantes a la hora de prevenir el pulmón de fumador y otros efectos adversos provocados por el tabaco.
Resulta difícil para muchos adictos al tabaco plantearse abandonarlo. Los tratamientos sustitutivos de nicotina en forma de chicles, parches transdérmicos o pulverizadores nasales ayudan a algunas personas a dejarlo con éxito pero no son una panacea. El bupropión es un fármaco antidepresivo de reciente aparición que puede resultar muy eficaz a la hora de calmar el ansia de volver a fumar.
También es necesario cambiar otros hábitos del comportamiento y utilizar terapias alternativas (como la hipnosis, acupuntura y tratamientos láser); pero no existe un método perfecto para los fumadores que están intentando abandonar su adicción. La evidencia indica claramente que los fumadores deberían fijar una fecha para
dejar de fumar, y luego poner todo su empeño en dejarlo completamente a partir de entonces; tratamientos adicionales como los anteriormente reseñados proporcionan un claro apoyo a esta estrategia.