El tratamiento de la EHA depende de la fase en que se encuentre la enfermedad.
Hígado graso o con alteraciones mínimas Abstinencia de alcohol y nutrición adecuada, evitando la
obesidad.
Hepatitis alcohólicaDepende de la gravedad. En los casos leves basta con la abstinencia del alcohol y una alimentación equilibrada con suplementos. Los casos graves, caracterizados por ictericia, facilidad para la aparición de hematomas, alteraciones analíticas relevantes y, a veces, ascitis, requieren ingreso hospitalario. Los pacientes más graves tienen una tasa de mortalidad a corto plazo (menos de 3 meses) muy elevada, de hasta un 80% en algún estudio, especialmente si se añade insuficiencia renal. En estos casos los glucocorticoides pueden ser muy útiles y mejorar la supervivencia hasta en un 37%, pero no se pueden administrar a todos los enfermos.
CirrosisLa cirrosis hepática puede estar "compensada" o "descompensada".
Tratamiento de la cirrosis compensadaLa compensación es la ausencia de complicaciones: hemorragia por rotura de varices (dilataciones de las venas) en el esófago o el estómago, ascitis (acumulación de liquido en el abdomen), ictericia y encefalopatía (confusión, trastornos de conducta, disminución del nivel de conciencia e incluso coma). La cirrosis compensada se trata con abstinencia de alcohol y soporte nutricional adecuado, tal como se ha explicado anteriormente.
Tratamiento de la cirrosis descompensadaLos pacientes con cirrosis descompensada pueden requerir tratamiento específico para combatir las diversas complicaciones de la enfermedad:
Varices sangrantes: la hemorragia por rotura de varices esofágicas es una de las complicaciones más graves que puede sufrir un cirrótico, con una mortalidad a corto plazo del 30%.
El tratamiento de urgencia suele consistir en la actuación directa sobre las varices sangrantes a través de un endoscopio (un tubo flexible con una cámara en su extremo que se introduce por la boca hasta el estómago); se pueden cerrar inyectando una sustancia esclerosante (que endurece el tejido) o bien ligar con anillos de goma elástica.
Si la
endoscopia no está disponible o fracasa, se pueden comprimir las varices con un globo hinchable colocado en el extremo de una sonda, que proporciona un cese temporal de la hemorragia hasta que se toman medidas más definitivas, o emplear medicamentos que reducen la cantidad de sangre que llega a las varices y por lo tanto la pérdida de sangre.
En algunos casos se puede desviar la sangre que llega a las varices mediante una intervención quirúrgica o insertando dentro del hígado una conexión entre dos vasos (conocida con las siglas TIPS) que permite que la sangre encuentre menor resistencia para atravesar el hígado.
El tratamiento a largo plazo con medicamentos administrados por vía oral, como el betabloqueante propranolol, reduce significativamente el riesgo de hemorragia, aunque no con la misma eficacia en todos los enfermos.
Los pacientes que han sangrado por varices suelen someterse a revisiones endoscópicas periódicas para actuar sobre cualquier nueva variz que se esté formando.
El tratamiento con betabloqueantes puede administrarse para reducir el riesgo de que unas varices sangren por primera vez, pero hasta el momento no se recomienda utilizar tratamientos endoscópicos o intervencionistas en estas circunstancias.
Ascitis: la dieta debe contener muy poca sal y a veces se recomienda reducir la ingestión de líquidos. Generalmente se utilizan medicamentos diuréticos (que incrementan la producción de orina) pero a veces es necesario extraer periódicamente el líquido mediante la inserción de un catéter o tubo de drenaje en el abdomen (paracentesis). Cuando estas medidas no tienen éxito puede plantearse la necesidad de otras medidas, sin excluir el transplante hepático.
Encefalopatía: generalmente existe un acontecimiento desencadenante. Las causas más frecuentes son el empleo intempestivo de sedantes o analgésicos, la hemorragia digestiva por varices esofágicas o gástricas, el
estreñimiento, las infecciones o desequilibrios de los electrolitos (iones) en la sangre. El tratamiento consiste en la corrección de la causa, si se conoce, y en la limpieza intestinal mediante la administración de lactulosa, que es un laxante que suele administrarse en forma líquida, tanto por vía oral como formando parte de enemas. Para prevenir la encefalopatía puede utilizarse lactulosa u otro producto similar de forma indefinida.
Transplante de hígado: algunos pacientes con cirrosis alcohólica sufren un deterioro progresivo a pesar de la abstinencia de alcohol y pueden sufrir complicaciones graves y de muy difícil tratamiento. Estos enfermos pueden necesitar un transplante hepático, pero para que se pueda considerar esta posibilidad es necesario que el paciente:
- Se haya abstenido de consumir alcohol durante al menos los últimos seis meses.
- Padezca una enfermedad hepática avanzada con complicaciones.
- No tenga otro órgano dañado.
- Disponga de un buen apoyo social o familiar.
Aproximadamente el 85 % de los pacientes seleccionados de acuerdo con estos criterios sobreviven a los 5 años realizado el transplante.